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domingo, 19 de marzo de 2017

Emil Cioran.- El ocaso del pensamiento capitulo decimocuarto

Sólo me siento «en casa» cuando estoy a orillas del mar. Porque sólo puedo construirme una patria con la espuma de las olas.

  En el flujo y reflujo de los pensamientos sé muy bien que ya no me queda nadie: sin país, sin continente, sin mundo. Me he quedado con los suspiros lúcidos de los amores fugaces en noches que aúnan la felicidad con la locura.

  *

  La única excusa para la pasión de las vanidades es vivir religiosamente la inutilidad del mundo.

  Dios es testigo de que he mezclado el cielo en todas las sensaciones, que he levantado una bóveda de pesadumbre sobre cada beso y un firmamento de otras nostalgias sobre ese desvanecimiento.

  *

  Nada sirve menos a la naturaleza que el amor. Cuando la mujer cierra los ojos, tu mirada se desliza por sus párpados buscando otros firmamentos.

  *

  En las desesperaciones súbitas e infundadas el alma es un mar en el que se ha ahogado Dios.

  *

  El único contenido positivo de la vida es negativo: el miedo a morir. La sabiduría —muerte de los reflejos— lo vence. ¿Pero cómo podemos dejar de temer a la muerte sin caer en la sabiduría? Sin separar, de alguna forma, el hecho de morir del de vivir, encontrando la vida y la muerte en el placer de la contradicción. Sin ese deleite una mente lúcida ya no puede tolerar las oposiciones de la naturaleza ni sufrir los problemas insolubles de la existencia.

  *

  En el último grado de lo incurable, tomas partido por Dios. Creer significa morir con las apariencias de la vida. La religión alivia lo absoluto de la muerte para poder atribuir a Dios virtudes resultantes de esa situación de disminución. El es grande en la medida en que la muerte no lo es todo. Y hasta ahora nadie ha tenido la arrogancia de sostener (salvo en los casos de entusiastas errores) que aquélla lo fuera todo…

  *

  Cuanto más pierdo mi fe en el mundo, tanto más me hallo en Dios, sin creer en él. ¿Será una misteriosa enfermedad o una nobleza de la razón y del corazón lo que induce a ser al mismo tiempo escéptico y místico?

  *

  La infelicidad no tiene sitio en el universo de las palabras.

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  La eternidad no es otra cosa que la carga de la ausencia de tiempo. Por tal motivo, en ninguna parte sentimos más intensamente que en el cansancio, sensación física de la eternidad.

  Todo cuanto no es tiempo, todo lo que es más que el tiempo, nace de un profundo agotamiento, del intenso y meditativo sopor de los órganos, de la pérdida del ritmo del ser. La eternidad se extiende por los silencios de la vitalidad.

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  A causa de ser yo mismo, he roto todas mis barreras. ¿Podrá el espíritu volver a levantarlas anulándose en la certeza de la ceguera? ¿Con qué prodigios y sortilegios podríamos hacer retroceder el conocimiento? ¿Cuándo se batirán los insomnios en retirada? El ser no puede salvarse sin la cobardía de la razón.

  ¿Hasta cuándo el papel del corazón será cantar la agonía de la razón? ¿Y cómo poner término a la conciencia acosada entre la duda y el delirio?

  *

  El lirismo representa el máximo error con el que podemos defendernos de las asechanzas de la lucidez y del conocimiento.

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  No hacer diferencia entre el drama de la carne y del pensamiento… Haber introducido la sangre en la lógica…

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  La repugnancia por el mundo: la irrupción del odio en el tedio. En lo indefinido del hastío se introduce así la cualidad religiosa de la negación.

  La vida me parece un monasterio donde uno se refugiaría para olvidar a Dios y cuyas cruces atravesarían la nada del cielo.

  *

  Una vez que el alma ha filtrado a Dios, el poso que queda se convierte, como si de un castigo se tratara, en sustancia suya.

  *

  Todo es inútil y una insensatez, excepto, quizá, la melodía oculta del dolor. Las fronteras del hombre son las del sufrimiento. Sólo tras haber padecido mucho se tiene derecho a considerar que el mundo es un pretexto estético, un espectáculo para nuestra noble y enferma inteligencia. Entonces se sufre estando fuera del sufrimiento. Nadie sabrá qué profusión de sufrimientos es la que te transforma en un esteta en sentido religioso.

  *

  Los pensamientos brotan del ascetismo de los instintos, y el Espíritu vacía de contenido a los poderes de la vida. Así, el hombre se vuelve fuerte pero carente de los medios de la vitalidad. El fenómeno humano es la mayor crisis de la biología.

  *

  Como no puedo echar sobre mí los sufrimientos ajenos, cargo con sus incertidumbres. En el primer caso, acaba uno en la cruz; en el segundo, el Gólgota sube hasta el cielo.

  Los sufrimientos son infinitos; las incertidumbres, interminables.

  *

  Cuando ya no puedas rezar, di Absoluto en lugar de Dios. La primacía de lo abstracto implica una falta de oración. Lo Absoluto es un Dios fuera del corazón.

  Avanzamos en el proceso de eliminación de la persona divina a medida que introducimos el culto a la inutilidad a lo largo y ancho de la conciencia. ¿Para qué otra cosa nos serviría lo Absoluto? En la eternidad todo es inútil. Es preciso que la nobleza del gesto estético purifique el impulso místico. Adoptemos un máximo de estilo desde las raíces últimas del ser. Adornemos el propio Juicio Final con el prestigio del arte y fundámonos, en la razón final del mundo, en una patética negación de nosotros mismos. Para un sentimiento elevado lo Absoluto es un fragmento gratuito de la Nada, exactamente como lo sería en la escultura un busto.

  *

  ¿Por qué los hombres no se habrán postrado ante las nubes?

  ¿Por qué flotan más fácilmente en el cerebro que en el cielo?

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  Los pensamientos surgidos en un momento de terror tienen el misterio y los ojos petrificados de los iconos bizantinos.

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  Todos los caminos van de mí hacia Dios, no hay ninguno que venga de El hacia mí. Por eso el corazón es un absoluto, y lo Absoluto, una nada.

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  El exilio interior es el clima perfecto para los pensamientos sin raíces. No alcanzarás la grandiosa inutilidad del espíritu mientras tengas un lugar en el mundo. Piensas —constantemente— porque te falta una patria. Como no tienes fronteras, el espíritu no tiene dónde encerrarte. Por tal motivo, el pensador es un emigrante perpetuo. Y como no supiste pararte a tiempo, la vida errante se convierte en la única senda de tu desconsuelo.

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  ¡La melancolía introduce tanta música en el hundimiento de la mente!

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  Apegados a lo inmediato los hombres respiran trivialidad. ¿De qué otra cosa puedes hablar con ellos que no sea de hombres? E incluso de acontecimientos, de objetos y preocupaciones. Nunca de ideas. Y precisamente lo único que no es trivial es el concepto. Desconocen la nobleza de la abstracción porque, avaros de sus facultades, no son capaces de gastar energías para alimentar lo que no es; la idea. La trivialidad: la falta de abstracción.

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  El patético abandono de las cosas fija los dos polos del sentimiento: un amor sin amor y un odio sin odio. Y el universo se transforma en una Nada activa en la que todo es puro y sin utilidad, como la oscuridad en los ojos de un ángel.

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  La enfermedad es un desastroso deleite que no puede asemejarse más que al vino y a la mujer. Tres medios a través de los cuales el yo es siempre más y menos, ventanas abiertas a lo absoluto y que se cierran en las densas tinieblas de la mente. Y es que la locura es un obstáculo que el conocimiento se pone a sí mismo, algo insoportable al espíritu.

  *

  Cuanto más inciertos son los límites del hombre, más fácilmente se acerca a la falta de fondo de Dios. ¿Acaso lo habríamos encontrado si hubiera sido él naturaleza, persona o cualquier otra cosa? Sobre él sólo podemos decir lo siguiente: que no se termina en las profundidades. Así, el hombre no tiene más puente hacia la inmensidad divina que lo indefinido. La falta de fondo es el punto de contacto entre el abismo divino y el humano.

  Nuestra tendencia a perder los límites, nuestra inclinación por lo infinito y por la destrucción son un escalofrío que nos instala en el espacio donde se exhala el soplo divino. Si nos quedásemos reducidos a los límites de la condición individual, ¿cómo podríamos deslizarnos hacia Dios? Nuestra inseguridad, nuestra vaguedad, representan focos metafísicos más importantes que la confianza en un destino y el orgulloso abandono a una razón de ser. Las flaquezas humanas son posibilidades religiosas a condición de que sean profundas. Porque entonces llegan hasta Dios.

  Las olas de la nada que agitan al ser humano se prolongan en ondulaciones hasta la ausencia infinita de la divinidad. La única base del hombre es un fondo insondable de Dios.

  *

  Yo también soy un mártir: quisiera morir por las dudas. (El escepticismo, sin un aspecto religioso, es una degradación del espíritu.) Pero no por las dudas de la inteligencia sino por las de la crucifixión. Traspasar con clavos el corazón del espíritu. Doblegar dolorosamente la razón hacia los horizontes del mundo; sangrar al sonreír. ¿Cuándo encenderé fogatas en las ideas? ¡Hay tantas ascuas en las oscilaciones de la mente! ¡No es fácil dudar cuando se tiene la mirada vuelta a Dios!

  *

  Arrodillado, ¿traspasaré acaso la tierra? ¿Llevaré hasta el final mi rechazo a la oración? ¿Humillaré a Dios con mi libertinaje sobrenatural?

  Cuanto más subo hacia el cielo, más bajo a la tierra.

  El espíritu, despegado de todo, marcha con idéntica fuerza en direcciones opuestas. No puedes adherirte a nada sin hacer una reserva equivalente. Toda pasión despierta, de manera simultánea, el polo opuesto. La oposición es la sustancia de la vida humana. Tengo de mi parte todas las direcciones del mundo desde que ya no me tengo.

  La paradoja expresa la incapacidad de estar naturalmente en el mundo.

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  El universo es una pausa del espíritu.

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  El papel del corazón es convertirse en himno.

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  En un último análisis el escepticismo sólo surge de la imposibilidad de realizarse uno en el éxtasis, de alcanzarlo, de vivirlo. Sólo su luminosa ceguera, desgarradoramente reveladora, nos cura de las dudas. Una muerte de temblores balsámicos. Cuando la sangre bulle dentro de ti hasta el cielo, ¿cómo puedes seguir dudando? ¡Pero qué raro resulta que bulla así!

  Escepticismo: el desconsuelo de no estar en el cielo.

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  Introducir sauces llorones en las categorías…

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  Sólo en la medida en que se sufre se tiene derecho a atacar a Jesús, al igual que, honradamente, no se puede estar contra la religión sin ser religioso. Desde fuera no hay una sola crítica que pruebe nada ni comprometa a nadie. Cuando atacamos el interior de una posición, el interior de nuestra posición, no tiramos contra el adversario sino contra nosotros mismos. Una crítica efectiva es una autotortura. El resto es un juego.

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  Sonrisas dolorosas que apagan el sol…

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  La historia acabaría en el instante en que el hombre se mantuviera clavado en una verdad. Pero el hombre vive de verdad sólo en la medida en que toda verdad lo aburre. La fuente del devenir es la infinita posibilidad de error del mundo.

  Una época se apoya en una verdad y cree en ella porque no la sopesa. Cuando la colocamos en la balanza y la pesamos, se transforma en una verdad cualquiera, en error. Cuando se juzga algo, una certeza inmutable se vuelve un principio que oscila sin sentido alguno.

  No es posible estar lúcido respecto a una verdad sin ponerla en evidencia. Un sujeto o una época tienen que vivir inconscientemente en lo incondicional de un principio para reconocerlo como tal. Saber trastoca cualquier huella de certidumbre. La conciencia (fenómeno límite de la razón) es un foco de dudas que no pueden resolverse si no es en el crepúsculo de la razón lúcida. La lucidez es un desastre para la verdad pero no para el conocimiento sobre cuya base se alza una complicada arquitectura de errores a la que, para simplificar, llamamos espíritu.

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  Mi espíritu sólo encuentra satisfacción en la metafísica y en los himnos marianos.

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  Dios está suspirando a cada momento; y es que el tiempo es Su oración.

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  Cuando la salud y la dicha se ciernen sobre nosotros, un ascua se posa sobre nuestros pensamientos y la mente se retira.

  La infelicidad es el más poderoso estimulante del espíritu.

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  Si el corazón se redujera a su esencia ideal, es decir, a la crucifixión, se levantarían cruces en sus dominios, de las que penderían las esperanzas con todo el vano encanto de su locura.

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  La lucidez: otoño de los instintos.

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  No temo tanto a los sufrimientos como a la resignación que les sigue. ¡Ojalá pudiera sufrir eternamente sin reconciliación y sin necesidad de tener que mendigar!

  La enfermedad te coloca en los límites de la materia; gracias a ella, el cuerpo se convierte en una vía hacia lo Absoluto. Porque las derrotas corporales hacen del dolor un paraíso en el desastre.

  La enfermedad sirve directamente al espíritu. Más aún: el espíritu es enfermedad, en el plano abstracto, al igual que el hombre: materia contaminada.

  *

  Gracias a la soledad todo lo que escapa del control de los sentidos (lo invisible, en primer término) adquiere un carácter de inmediatez. Estar sin hombres y sin mundo; o sea, encontrarse en la esencia sin intermediarios. Así se te abre, con un raro temblor, la visión sustancial de la noche, de la luz, del pensamiento. Separas entonces de todas las cosas el resto absoluto, lo que queda de algo cuando ya no existe para los sentidos. Comprendes el misterio último de la noche, pero los sentidos ya no sienten la noche. O te emborrachas de música y ningún sonido te acaricia ya el oído. La acerba soledad del espíritu descubre la nada inmaculada desde el fundamento de las apariencias, la pureza divina o demoníaca que se halla en la base de todas las cosas. Y entonces comprendes que el último sentido del espíritu es enfermarse de infinito.

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  ¿Cuándo me sumergiré sin apelación en el diablo y en Dios?

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  En el paraíso la bóveda celeste cumplía la función que la tierra tiene para nosotros. Esto quiere decir que los dos primeros seres marchaban por un desierto azul. Por eso ellos allí no podían conocer; mientras que aquí, en la tierra, sobre el doloroso color de la tierra, no puede hacerse otra cosa.

  *

  Arrancad una flor o una cizaña y observad de dónde ha brotado: de una solidificada expiación.

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  La primera lágrima de Adán puso la Historia en movimiento. Aquella gota salada, transparente e infinitamente concreta es el primer momento histórico; y el vacío dejado en el corazón de nuestro siniestro antepasado, el primer ideal.

  Poco a poco el hombre, al perder el don de llorar, ha ido sustituyendo las lágrimas por ideas. La propia cultura no es sino la imposibilidad de llorar.

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  Existe una fatiga sustancial en la que se congregan todas las fatigas cotidianas y que nos deposita directamente en medio de lo Absoluto. Caminas entre hombres, repartes sonrisas o buscas por la fuerza de la costumbre verdades, y en tu fuero interno te apoyas sobre los fundamentos de la naturaleza. No tienes alternativa: te empujan hacia allí. Yaces (de grado o por la fuerza) en los postreros estratos de la existencia. La vida te parece entonces (un dramático entonces de cada instante) un sueño que vas devanando del paisaje de lo Absoluto, una alucinación surgida de haberte enajenado de todo. Al deslizarte de esa manera por la pendiente de las cosas inalcanzables y tener que sostenerte en el mundo por medio de instintos vagos, la contradicción de tu destino es más dolorosa que la irrupción de la primavera en un cementerio rural.

  El hombre es un náufrago de lo Absoluto. No puede elevarse hacia él, sino sólo ahogarse. Y nada lo sumerge más profundamente en él que las grandes fatigas, esas fatigas que abren el espacio mediante un bostezo de lo infinito y del hastío.

  Como seres, no tenemos derecho a mirar más allá de nuestros límites. Nos hemos convertido en hombres y hemos salido del paraíso del ser. Eramos Absoluto. Ahora sabemos que estamos en él. De esta suerte, ya no somos ni Absoluto ni hombres. El conocimiento ha levantado un muro insalvable entre el hombre y la felicidad. El sufrimiento no es otra cosa que la conciencia de lo Absoluto.

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  Las ideas tienen que ser espaciosas y onduladas, como la melodía de una noche en blanco.

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  He aquí lo más vago: Dios. Sólo la idea de El es más vaga que El mismo.

  … Y esa Vaguedad fue desde siempre el más desgarrador tormento del hombre. La muerte no introduce precisión alguna en ella, sino sólo en el individuo. Y es que por el hecho de morir no conocemos a Dios más de cerca, porque nos extinguimos con todas las carencias de nuestro ser y nos enteramos de lo que no somos o lo que habríamos podido ser. Y así, la muerte nos ha descargado por última vez del peso del conocimiento.

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  Ese temor al hastío que no puede asemejarse a nada… Un extraño mal caldea la sangre y presagia el sordo vacío que te machacará después, en horas sin nombre. Se acerca el Tedio, hiel del tiempo vertida en las venas. Y el miedo que te envuelve apela a la huida. Así empiezas a no estar ya en paz en ningún sitio.

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  Es menester vivir las insuficiencias de este mundo, hasta la teología y el demonismo. No podemos quedarnos, en ningún caso, en el estadio de los sentimientos. Hay que dar cuenta de todo, a la vez, a Dios y al diablo.

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  Bach y Wagner, que aparentemente presentan diferencias radicales, son los músicos que en el fondo más se parecen. No como arquitectura musical, sino como sustrato de sensibilidad. ¿Hay en la historia de la música dos creadores que hayan expresado más amplia y completamente el indefinible estado de la languidez? Que en el primero sea divino y en el segundo erótico, o que uno condense la languidez de su alma en una construcción sonora de absoluto rigor y el otro dilate su alma con una música de prolongadas modulaciones, no invalida en absoluto el que ambos tengan en común una profunda sensibilidad. Con Bach, uno ya no está en el mundo a causa de Dios; y con Wagner, a causa del amor. Lo importante es que los dos son decadentes, que ambos desgarran la vida con una especie de ímpetu negativo, los dos nos invitan a morir fuera de nosotros. Y ninguno de ellos puede ser entendido sino en el cansancio, en las nadas vitales, en los goces de la aniquilación. Ni uno ni otro puede servir de antídoto a la tentación de no ser.

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  Sea como fuere, la sexualidad es misteriosa, pero especialmente cuando ya no se pertenece al mundo. Entonces uno vuelve a sus revelaciones con un indecible estupor y se ve obligado a preguntarse si, en verdad, ya no pertenece al mundo, desde el momento en que un ejercicio tan sumamente antiguo lo subyuga y lo conquista.

  Pero es más que posible que el sentido del pensamiento que ha echado a andar por sus propios senderos no sea otro que la tensión en las contradicciones y la profundidad en lo insoluble. Sólo en la renuncia al mundo podemos alcanzarlas con facilidad; en ninguna otra parte. El éxtasis reversible e infinito, al atravesar las alturas del desprendimiento, crea una desorientación que es foco de problemas, de angustia y de interrogantes. En un espíritu castigado por el exceso de pensamiento las caricias y los orgasmos aúnan planos divergentes y mundos irreconciliables. En el erotismo se concilian las dos caras del universo, la enemistad del alma y la de la carne. Se concilian por un instante. Enseguida empieza otra vez con una fuerza más feroz y despiadada. Lo importante es que aún puedes asombrarte. Y no hay que dejar escapar ninguna de estas ocasiones. Los otros se someten a las maravillas de la carne; no conocen la que surge en la intersección del espíritu con la carne ni la zozobra henchida de placer y de sufrimiento de su complicidad.

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  La neurastenia: momento eslavo del alma.

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  Si no hubiésemos tenido alma, nos la habría creado la música.

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  Todo cuanto no es naturaleza es enfermedad. El devenir histórico expresa los grados de la enfermedad de la naturaleza. Estos grados no son carencias, sino crisis en los momentos de elevación. Porque «la salud» puede representar un concepto positivo solamente hasta la aparición del espíritu.

  El mundo salió de la quietud inicial por la exasperación de la identidad. No podemos saber qué es lo que «afectó» al equilibrio originario, pero está claro que un hastío por su propia identidad, una enfermedad del infinito estático puso al mundo en movimiento. La enfermedad es un agente del devenir. He ahí su sentido metafísico.

  … Y por ello en todo hastío penetran reflejos del tedio inicial, como si en el paisaje saturniano del alma se extendiesen oasis desde los tiempos en que las cosas, inmóviles por sí mismas, esperaban ser.

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  Hay tanta razón y mediocridad en la institución del matrimonio que parece haberse inventado por fuerzas hostiles a la locura.

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  No querría perder la razón. ¡Pero resulta tan prosaico conservarla! ¡Vigilar inútilmente lo incomprensible del mundo y de Dios y extraer ciencia del sufrimiento! ¡Estoy borracho de odio y de mí!

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  La tristeza es un don, como la embriaguez, la fe, la existencia y como todo cuanto es grande, doloroso e irresistible. El don de la tristeza…

Emil Cioran.- El ocaso del pensamiento capitulo decimotercero

¿Cuándo terminaré de morir?

  Hay heridas que claman la intervención del Paraíso.

  Con todos sus pecados, y con ninguno, la razón se ha sentado en el fondo del infierno y los ojos miran petrificados al mundo.

  Cuando se ama la vida con pasión y con asco, sólo el diablo se apiada ya de uno y le ofrece un refugio fatal a su alucinado dolor.

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  Esos desgarros de la carne y demencias del pensamiento durante las cuales caeríamos en plena santidad si Dios no acudiera en nuestra ayuda… Sus vacilaciones hacen que nos sintamos reconciliados con el mundo.

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  ¿Por qué no has hecho de mí un tonto eterno bajo tus imbéciles bóvedas, Dios mío?

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  El espíritu es carne golpeada por una locura trascendente.

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  La lucha no tiene lugar entre hombre y hombre sino entre el hombre y Dios. Por ello, ni los problemas sociales ni la historia pueden resolver nada.

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  Pensar en Dios sólo sirve para morir. No vamos hacia él de buen grado sino porque no nos queda otro remedio.

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  Nadie puede saber si es creyente o no.

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  Cuando vemos a tantos y tantos sujetos enterrándose en una idea, en un destino, en un vicio o en una virtud, nos causa extrañeza que la distancia hacia las cosas de que disponen los hombres sea tan sumamente pequeña. ¿Habrán visto ellos tan poco? ¿Es que no habrán sentido la influencia del conocimiento, que no permite acto alguno? El saber sólo soporta ya a la naturaleza por nuestra voluntad de estar todavía en ella. Nos agitamos entonces entre objetos e ideales, adhiriendo, con migajas de pasiones, y otorgando por lástima y amargura, una brisa de existencia a las sombras en busca del ser.

  El universo no es serio. Hay que tomarlo trágicamente a broma.

  Hacer está en las antípodas de pensar.

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  Las indecisiones entre cielo y tierra nos llevan a un destino como el de Jano, cuyas dos caras se volverían una sola en el dolor.

  Con el corazón suspendido entre el temblor y la duda: un escéptico abierto al éxtasis.

  *

  Durante las tardes de domingo, más que cualquier otra tarde, la razón se desvela como una ausencia de cielo, y las ideas, como estrellas negras sobre el fondo vacío de la eternidad. El hastío nace de un recubrimiento último de los sentidos, despegado de la naturaleza.

  En la extensión cósmica del tedio (bostezo del universo) los bosques parecen inclinarse para alzar, ceñido por una corona de laurel, tu corazón perdido entre la broza.

  La música del hastío surge del crujir del tiempo, de los sordos acentos de la extinción del tiempo.

  *

  Mi corazón, atravesado por el cielo, es el punto más alejado de Dios.

  Nada puede hacerme olvidar la vida, aunque todo me aliena de ella. A idéntica distancia de la santidad y de la vida.

  *

  No tengo bastante fuerza para soportar el esplendor del mundo; en medio de él he perdido mi aliento y sólo me ha quedado voz para la desesperación de la belleza.

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  Los hombres huyen tanto de la muerte como del pensar en ella. A esto último me he ligado por los siglos de los siglos. Allí he huido en fila con los demás, o incluso más rápido que ellos.

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  El hastío asola un alma erótica que no encuentra lo absoluto en el amor.

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  Para cubrir fastuosamente el drama de la existencia, lanza fuegos artificiales a través del espíritu; manténlos de la mañana a la noche; crea a tu alrededor el resplandor efímero y eterno de la inteligencia enloquecida con su propio juego; haz que la vida brille sobre un cementerio. ¿Es que acaso el alma humana no es una tumba en llamas?

  Da un rumbo genial a las sensaciones; impónle al cuerpo la vecindad de los astros; levanta la carne por medio de la gracia o del crimen hasta los cielos; que tu símbolo sea una rosa sobre un hacha.

  Practica el goce de otorgar a las ideas el espacio de un instante, de amar al ser sin permitirle tener un sentido, de ser tú mismo sin ti.

  *

  Espera, soñador, en medio de la naturaleza, mirando cómo las alas de un buitre tocan el bordado deshilachado de las nubes.

  … E imagínate que has volado, invirtiendo la altura, hacia los abismos de la vida, que has acariciado con alas de desconsuelo un cielo de escorias, insuficiente para saciar tu sed de profundidades.

  *

  ¿Cuántos pueden decir: «Yo soy un hombre para quien el diablo existe»? ¿Cómo no vamos a sentirnos unidos por el destino a quienes hacen una confesión como ésa?

  *

  Una imagen completa del mundo podrían darla los pensamientos que surgen en los insomnios de un asesino, edulcorados por un perfume emanado de los desvaríos de un ángel.

  *

  Hagas lo que hagas, una vez que has perdido el apoyo en ti mismo, ya sólo puedes encontrarlo en Dios. Y si todavía sin él se puede respirar, sin la idea de El te perderías en los desfallecimientos de la mente.

  Lo que resulta fascinante de la desesperación es que nos arroja de golpe frente a lo Absoluto; es un salto orgánico, irresistible a los pies de lo Postrero. Acto seguido empezamos a pensar y a clarificar (o a oscurecer), por medio de la reflexión, la situación creada por la furia metafísica de la desesperación.

  Separados de nuestros semejantes por la insularidad del corazón, nos agarramos a Dios para que los océanos de la locura no levanten las olas por encima de nuestra soledad.

  *

  En poesía, como no se cree en nada, se añade un exceso de magia a la inspiración, ya que el nihilismo es un suplemento de música, mientras que en la prosa hay que adherirse a algo para no quedar desnudo frente al vacío de las palabras. Ser pensador no es ninguna suerte, pues la razón ya no se vuelve hacia las verdades «elevadas» producto de la ceguera.

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  El único sentido de la tierra es absorber las lágrimas de los muertos.

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  La música nos muestra qué sería el tiempo en el cielo.

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  Toda enfermedad encierra una especie de canto.

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  No pueden tenderse más puentes entre el hombre perseguido por la muerte y sus semejantes. Por más que hiciera, sus intentos de aproximación no hacen sino ahondar la sima y acentuar una fatalidad.

  Con el prójimo es menester ser indiferente o alegre. Pero como sólo conoces el entusiasmo y la tristeza, tu suerte correrá paralela a la del hombre. Poco a poco acabamos por no encontrar ya a nadie.

  *

  Durante los momentos de tristeza (con la muerte y la locura rivalizando entre sí) las esperanzas hostigadas se tornan en pensamientos homicidas. Y de la bestia humana que has sido, te conviertes en rehén del no-ser.

  ¿Por qué no me cubrirán las sombras de la eterna estupidez y el frescor de la ignorancia? Los ardores de un páramo de desesperanzas…

  En un cerebro difunto los tiempos que emprendieron una cruzada de destrucción no podrán matar el recuerdo de un Dios fermentado a base de suspiros y soledades.

  *

  En un mundo donde ya no tengo a nadie solamente me queda Dios.

  *

  El silencio que sigue a las grandes intensidades; a la inspiración, a la sexualidad, a la desesperación. Diríase que la naturaleza ha huido y el hombre se ha quedado sin horizontes en una vigilia próxima a la aniquilación. La naturaleza es una función de los ardores del alma. La existencia se crea en el momento subjetivo por excelencia. Porque nada es fuera de las embestidas del corazón.

  *

  El hombre se ve impotente para librarse de su angustia. No ha conseguido ampliar el horizonte de la razón más que por medio del terror.

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  … La sed de un paraíso de la indulgencia construido sobre una sonrisa de depravaciones celestiales…

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  La neurosis es un estado de hamletismo automático. Confiere a quien la padece atributos de genio sin la ayuda del talento.

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  La indecisión entre cielo y tierra nos transforma en santos negativos.

  *

  En las cumbres de los Alpes y de los Pirineos, teniendo las nubes a mis pies, apoyado contra la nieve y el cielo, comprendí:

  — que las sensaciones tienen que ser más puras que el aire enrarecido de las alturas, que en ellas no pueden entrar ni el hombre ni la tierra ni objeto alguno de este mundo; que los instantes sean brisas de éxtasis y la mirada un torbellino de altura;

  — que los pensamientos acaricien el barniz de las cosas que no son como el murmullo melancólico del viento que roza la bóveda celeste y la nieve. Que en tu mente se reflejen todas las cimas de los montes sobre las cuales no has sido hombre y todas las orillas de los mares donde has paseado tu tristeza. El hastío se vuelve música a orillas del mar y éxtasis en las crestas de las montañas;

  — que ya no hay «sentimientos». Porque ¿hacia quién los dirigiríamos? Siempre que dejas de ser hombre, lo único que «sientes» es la pujanza del no-ser;

  — que sólo se puede vivir errante. Vuelve sobre tus pasos y vete hacia las estrellas. Repite diariamente la lección de la noche en que los astros se te aparecieron ridículamente solos.

  *

  Después de cada viaje, el progreso hacia la nada te ata irremediablemente al mundo. Al descubrir nuevas bellezas pierdes, por la atracción que ejercen, las raíces que te habían salido cuando ni sospechabas que existían. Poseído ya de su magia, embriagado por el olor de «no-mundo» que de ellas emana, te elevas hacia un vacío puro, engrandecido por la ruina de las ilusiones.

  Cuanto más creo en menos cosas, tanto más me muero a la sombra de la belleza. Por eso al no tener nada que me ate ya a la vida, tampoco tengo nada que me vuelva contra ella. Sólo he empezado a amar conforme he ido malgastando las esperanzas. Cuando nada tenga ya que perder, la vida y yo seremos uno.

  *

  El donjuanismo es el fruto de una santidad mal usada. En todas las declaraciones de amor sentía que solamente lo Absoluto importaba y que, por tal motivo, podía hacer lo que se me antojara y sin importarme a quien.

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  El fondo gris de las montañas jaspeado de nieve en las madrugadas de verano: ruinas de un cielo inmemorial.

  *

  Las ideas son melodías muertas.

  *

  Al no poder revelar a los hombres los conflictos de nuestro corazón, si no fuera por Dios, habríamos tenido que dejar que nuestros puñales se cubrieran de herrumbre en sus recovecos. El corazón se inclina de forma natural hacia la flor del suicidio que hay en medio de ese jardín para vagabundos que es la vida.

  *

  El sino del hombre es una continua ausencia de «ahora» y una insistente frecuencia de «antaño» (palabra esta que es expresión de la fatalidad). De su prolongada resonancia surge un incurable temblor de perdición.

  *

  Nada altera más la ingenuidad de la sangre que la intervención de la eternidad. ¿Qué clase de desgracia estará vertiendo en la lozanía de los deseos para dispersarlos y extirparlos sin dejar huella? La eternidad no se compone de soplos de vida. Su fúnebre prestigio ahoga el ímpetu y reduce la realidad a un estado de ausencia.

  Sobre las olas de la nada que cubren a placer el espíritu, sólo de los deseos sopla una brisa de existencia.

  *

  En todas las religiones la parte referente al dolor es la única que vale para una reflexión desinteresada. El resto es pura legislación o metafísica de saldo.

  *

  En el hastío el tiempo sustituye a la sangre. Sin hastío no sabríamos cómo corren los instantes, ni siquiera que existen. Cuando se desencadena, nada puede detenerlo. Porque entonces te sientes hastiado con todo el tiempo.

  *

  El papel del pensador es inventar ideas poéticas, suplir el mundo por imágenes absolutas huyendo de lo general quebrantando las leyes. Desde la esencia de la naturaleza se nos revela en la vergüenza de su identidad y el horror de los principios. El pensamiento brota sobre la ruina de la razón.

  *

  Me gustan las miradas que no sirven a la vida, y las cumbres sobre las que oigo el tiempo. (El alma no es contemporánea del mundo.)

  *

  Hay países donde yo no habría podido fracasar un instante siquiera, por ejemplo, España. Y hay lugares grandiosos y sombríos en los cuales la piedra desafía las esperanzas, sobre cuyos muros se dedica a holgazanear la eternidad, entregada a rememorar el tiempo, lugares privilegiados donde la divinidad sestea, que nos obligan a ser uno mismo de manera absoluta: en Francia, el monte Saint Michel, Aigues-Mortes, les Baux y Rocamadour. En Italia, el país entero.

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  El hastío absoluto se confunde con la objetivación carnal de la idea del tiempo.

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  Un pensamiento tiene que resultar tan extraño como la ruina de una sonrisa.

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  El espacio en el que gira la razón me parece tan alejado y falto de fundamento como un Uruguay celestial.

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  El defecto de todos los hombres que creen en algo consiste en menospreciar la muerte. Lo absoluto de ella sólo se revela a quienes tienen un agudo sentido del carácter accidental de la individuación, del error múltiple de la existencia. El individuo es un fracaso existente, un error que afronta el rigor de cualquier principio. No es la razón quien nos pone frente a la muerte, sino nuestra condición única de individuo. El que tiene convicciones enmascara incluso ese drama de la unicidad. Vuélvete hacia la muerte purificado y desnudo, sin la contaminación de las edulcoraciones de la muerte, de la atenuación de las ideas. Hay que mirarla a la cara, con la virginidad interior de los momentos en que no creemos en nada, más incluso: como mártir de la nada.

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  El amor a una vida llena de miedo y dolor no tienta sino a quienes de mala gana están sumergidos en ella. Hay mañanas que florecen súbitamente en el desierto del cansancio y que nos clavan, inmóviles, en brazos de la existencia.

  Cuando se siente asco por todo, ese inmenso asco que emana de la desidia de la sangre y de las ideas, fugaces revelaciones de felicidad irrumpen y se extienden de forma ambigua sobre nuestros suspiros, como retazos de cielo. Y entonces buscamos un equilibrio entre el asco de ser y el de no ser.

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  Una horda de ángeles o de demonios me ha colocado sobre la frente la corona del hastío. Pero, dado mi apasionado apego al mundo, no puede ensombrecer la firmeza de mis esperanzas inútiles.

  El cielo y no la tierra fue quien me volvió «pesimista». La impotencia de ser que sobreviene al hecho de pensar en Dios…

  *

  En la mística existe sufrimiento, un sufrimiento infinito. Pero no la tragedia. El éxtasis es el reverso de lo irreparable. La tragedia solamente es posible en la vida como tal, esa falta de salida llena de grandeza, de inutilidad y de hundimiento. Shakespeare es grande porque en él no triunfa idea alguna: sólo la vida y la muerte. Quien «cree» en algo carece del sentido de lo trágico.

  *

  Hace ya un tiempo que no meditas sobre el tedio sino que dejas que él lo haga sobre sí mismo. En la vaguedad del alma, el hastío tiende hacia la sustancia. Y se vuelve sustancia de vacío.

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  Para quien ante la proximidad de lo Absoluto no pueda escapar a las tentaciones de la vida, no hay suicidio que pueda poner punto final a su desunión interior. No hay nada que lo ayude a resolver el cruel drama de la razón. Lo insoluble del pensamiento se agota en este conflicto. El peso del encanto de lo real desequilibra la balanza y no hay modo de contrarrestarlo aunque las ideas flotan sobre el fulgor del no-ser. Una vida sensual en la nada…

  Cuando has amado apasionadamente la vida, ¿qué andabas buscando entre tus pensamientos? El espíritu es un error inmenso siempre que las flaquezas otorgan a la vida prestigios de axioma.

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  Soy un Sahara roído por los placeres, un sarcófago de rosas.

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  Las calles desiertas en las grandes ciudades: da la impresión de que en cada casa hay alguien ahorcándose.

  … Y, luego, mi corazón: cadalso hecho a la medida de sabe Dios qué diablo.

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  La santidad representa el más alto grado de actividad al que podemos llegar sin necesidad de recurrir a la vitalidad.

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  El nihilismo es la forma límite de la benevolencia.

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  El hastío es vulgar o sublime, según nos parezca que el universo huele a cebolla o que emana de la inutilidad de un rayo luminoso.

Emil Cioran.- El ocaso del pensamiento capitulo duodécimo

No encuentro la clave de este hecho: en la alegría inspirada imitamos a Dios, y en la tristeza nos quedamos con la ceniza de nuestra propia sustancia.

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  Una reflexión debe tener algo del esquema interno de un soneto. El arte de abreviar los finales…, la intervención de la arquitectura en nuestras desintegraciones musicales…

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  La tristeza: un infinito por la debilidad, un cielo de deficiencias…

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  La vida del hombre se reduce a los ojos. No podemos esperar nada de él sin modificar la mirada.

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  El amor es santidad más sexualidad. Nadie ni nada puede aliviarnos esta paradoja escarpada y sublime.

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  Hamlet no olvidó insertar el amor entre «los males» que hacen que el suicidio sea preferible a la vida. Sólo que él hablaba de «los sufrimientos del amor desdeñado». ¡Qué grande habría sido el célebre monólogo si tan sólo hubiera dicho: amor!

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  En las orillas del mar la sequía interior de los días desiertos reúne, en una misma sed, el deseo de felicidad y de dolor. En sus orillas siempre nos eximimos religiosamente de Dios…

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  El Mediterráneo es el mar más tranquilo, el más probo y el menos místico. Con su ausencia de olas, se interpone entre el hombre y lo Absoluto.

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  Porque está sola, la mujer es.

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  La fuerza de un hombre deriva de las insatisfacciones de su vida. Por ellas deja de ser naturaleza.

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  La definición del Embrujo pasa por Wagner. El introdujo los puntos suspensivos en la música, ese interminable diluirse…, y su sorda recaída en un subterráneo melodioso e indefinido. Una neurastenia de… la sangre, de un artista que proyectó su nervio fastuosa y grandiosamente en la mitología.

  Por ello, en el embrujo wagneriano, lejanas olas preñadas de crepúsculo rompen contra sienes extenuadas o vuelcan en las venas adormecidas remedios de sueño y muerte.

  *

  Los estallidos de la muerte enmarañan el paisaje gramatical de la existencia, tal y como nos lo muestra el exceso de sistema del hastío, y, a falta de sorpresas, nos sitúan al acecho, con el puesto de observación instalado en nuestra angustia.

  *

  Desde el hastío, a través de un largo proceso, podemos fondear en Dios. En sí, el hastío sólo es una falta de religión.

  *

  Al pensar en el estilo nos olvidamos de la vida; los esfuerzos de expresión tapan las dificultades de la respiración; la pasión de la forma ahoga el fervor negativo de la amargura; la seducción de la palabra nos libera de la carga del instante; la fórmula mitiga el desfallecimiento.

  La única salida para no caer: conocer todos tus desfallecimientos, agotar tus venenos en el espíritu.

  Si hubieses dejado tus tristezas en estado de sensación, hace mucho que no existirías ya…

  El espíritu sirve a la vida sólo por la expresión. Es la forma a través de la cual se defiende con su propio enemigo.

  El agotamiento de las tardes, con una pátina de eternidad recubriendo el alma, y un aire de vértigo en medio de un jardín impregnado de primavera…

  *

  La eternidad es el invernadero donde Dios se marchita desde el principio, y el hombre, de vez en cuando, por el pensamiento.

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  Cuando la vitalidad no se distingue de la debilidad sino que se pierde en ella, el resultado define la composición interior de un ser contradictorio. Hacer psicología a costa de otro significa incluso desvelar la falta de pureza de las fuerzas que lo agitan, la extraña e imprevista mezcla de elementos. En teoría, cuesta imaginar la combinación de barbarie y de decadente melancolía, de vitalidad y de vaguedad, de instinto y de refinamiento. ¡Qué cierto es que hay tanta gente atormentada por crepúsculos de la vida entre reflejos vivos todavía!

  Anhelos prolongados, que abrazan los desarrollos cósmicos y los adornan con las incertidumbres del sueño, ¿de dónde arrancarían si nuestros impulsos básicos no estuvieran subiendo y bajando por la pendiente de nuestras flaquezas? ¿Y por qué los deseos no tienen un curso inmóvil? ¿Quién introduce ese caprichoso vaivén sino la amalgama de las afirmaciones y negaciones de la sangre? Si nuestros instintos marcharan en una dirección y las flaquezas en otra, ¿no seríamos doblemente perfectos? ¿No alcanzaríamos la perfección de dos maneras? El paradójico encuentro de esas tendencias, su carácter inseparable e irreductible, crea una tensión que compone y descompone de forma tan extraña un ser. ¡Y no resulta fácil cargar con dulces y embriagadores infiernos de la decadencia sobre el monótono y fresco cielo de la barbarie, desenvolverse en la juventud con la carga de una inmensa vejez, arrastrar fines de siglo en el temblor vertical de los amaneceres! ¡Qué extraño destino el de quienes florecen en otoño: han perdido las estaciones de la vida viviendo eternamente los instantes al revés!

  *

  ¿Por qué vuelves los ojos hacia el sol cuando tus raíces nutren el pulso de la muerte? ¡Con qué furia y dolor te arrojarás al abismo divino! Ningún límite intelectual ni ningún horizonte del mundo detendrán la desesperación que se revuelca en el desierto de Dios, y ningún paraíso florecerá ya en su opresión común. El creador exhalará su postrer aliento en la criatura, en la criatura sin aliento.

  ¡Qué gusto a ceniza emana del más allá de los mundos!

  *

  A solas con el diablo. ¿Por qué se deja ver menos que Dios? ¿O es que vives a éste último más diabólicamente, de modo que la extraña mezcla vuelve superflua la demostración de la esencia pura de Satán?

  La vía de los anhelos diarios sube desde la tierra al cielo. El camino inverso es más raro. Por esa razón el diablo es una atrocidad menos frecuente que su gran Enemigo.

  *

  Cuando la razón se libera del ser, la voluptuosidad ya no tiene preferencias entre dolor y placer. Ella los corona a ambos.

  La extraña perfección de las sensaciones inhibe las diferencias entre ellas. Dolor y placer se vuelven sinónimos.

  *

  ¿Por qué será que uno pierde primeramente el corazón y sólo después la razón?

  *

  El encanto de la angustia reside en el pavor a las soluciones, en saberlo todo en las preguntas… Toda respuesta está manchada por algún matiz de vulgaridad. La superioridad de la religión deriva de creer que sólo Dios puede responder.

  *

  Quisiera enterrarme en el llanto de los hombres, hacerme de cada lágrima una sepultura.

  *

  Todo cuanto crea el hombre se vuelve contra él. Y no sólo todo lo que crea sino todo lo que hace. En la historia, un paso adelante es un paso atrás. Mas de todo cuanto el hombre ha concebido y ha vivido nada se vuelve tanto en su contra como la soledad.

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  ¿Por qué los recuerdos ya no tienen relación con la memoria? ¿Y por qué las pasiones habrán perdido su enraizamiento en la sangre? Balcanismo celestial…

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  Los rayos dispersos que emanan de Dios sólo se muestran en el crepúsculo de la razón.

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  La proximidad del éxtasis es el único criterio para una jerarquía de valores.

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  La experiencia hombre ha tenido éxito sólo en los instantes en que éste se cree Dios.

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  El tiempo se deshace en vagas ondulaciones, como una solemne espuma, siempre que la muerte agobia los sentidos con la destrucción de sus encantos o cuando las nubes bajan con todo el cielo meditabundo.

  *

  Expío la falta de decepciones de mis antepasados, soporto su lucha en pos de la felicidad, pago caro las esperanzas de su agonía y dejo pudrirse en vida la frescura de la ignorancia ancestral. He ahí el sentido de la decadencia.

  Y en el plano de la cultura, varios siglos de creación e ilusiones, que tienen que rescatarse irremediablemente en la lucidez y en el desconsuelo. Alejandrinismo…

  No es fácil pagar por todos los campesinos de otros siglos, no tener ya hortalizas ni tierra en la sangre…, ni bañarse en los ocasos del espíritu.

  *

  Sólo en la música y en los temblores extáticos, cuando se pierde el pudor de los límites y la superstición de la forma, llegamos a la inseparabilidad de la vida con respecto a la muerte, a la pulsación unitaria de una muerte vital, de comunión entre existencia y extinción. Los hombres distinguen, por medio de la reflexión y de la ilusión, lo que en el devenir musical es embrujo de eternidad equívoca, flujo y reflujo del mismo motivo. La música es tiempo absoluto, sustancialización de instantes, eternidad cegada por las ondas…

  Tener «profundidad» significa no dejarse engañar más por las separaciones, no ser esclavo de los «planes», no volver a desarticular la vida de la muerte. Al fundir todo eso en una confusión melódica de mundos, la agitación infinita, sombría y comprensiva de elementos varios, se purifica en un estremecimiento de nada y de plenitud, en un suspiro surgido de las más hondas profundidades del ser, y nos deja eternamente un sabor a música y humo…

  *

  La existencia de los hombres se justifica por las amargas reflexiones que nos inspiran. En un tribunal de la amargura todos serán absueltos, en primer lugar, la mujer…

  *

  Nada te satisface, ni tan siquiera lo Absoluto; sólo la música, ese desvanecimiento de lo Absoluto.

  *

  Solamente embriagándonos de nuestros propios pecados podemos llevar la carga de la vida. Hay que trocar cada ausencia en delicia; por medio del culto elevamos nuestras deficiencias. En caso contrario nos asfixiamos.

  *

  Después de haber querido poner el mundo patas arriba, ¿qué yerros te atan aún al vano paraíso de dos ojos llenos de infinito y de vacío?

  Dios, previendo la caída del hombre, le ofreció la ilusoria compensación de la mujer. Gracias a ella, ¿pudo olvidar el paraíso? La necesidad de la religión da una respuesta negativa.

  *

  En un simposio que reuniera a Platón y a los románticos alemanes se diría prácticamente todo sobre el amor.

  Sin embargo, lo esencial tendría que añadirlo el diablo.

  *

  Quien ha rehusado la santidad pero no ha abjurado del mundo hace de una divinidad desengañada la meta de su devenir.

  *

  Cuando invoques a Dios, hazlo con el pronombre, tú solo, para poder estar con El. De lo contrario eres hombre y nunca estarás cara a cara con Su soledad.

  *

  La teología sólo guardó para Dios el respeto por la letra mayúscula.

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  Hay tanta nobleza cruel y tanto arte en el hecho de ocultar los sufrimientos a nuestros semejantes, en el de jugar el papel de un cáncer divertido…

  *

  Cuando el cielo se derrite en gotas de hastío y destila una inmensidad de azul y de desolación, me defiendo de mí mismo y del cielo con los Mediterráneos del espíritu.

  *

  Nos purificamos de infelicidad en los accesos de odio festivo en los que, al reducirlo todo a la nada (y en primer lugar el amor), limpiamos el yo de todas las impurezas de la naturaleza. Quien no puede odiar no conoce ninguno de los secretos terapéuticos. Todo restablecimiento empieza por una obra de destrucción. La pureza se gana por la aniquilación. Sólo somos nosotros mismos cuando nos pisotean sin piedad.

  *

  Una verdad que no habría que decir nunca a nadie: sólo hay sufrimientos físicos.

  *

  En las tentaciones del amor ya no hay espacio entre la muerte y yo.

  Lo Absoluto se instala en la cabecera de un erotismo purificado de universo. Todo cuanto crece más allá del amor terrenal construye los fundamentos de Dios. La imposibilidad de conciliar el amor con el mundo…

  *

  Más que en cualquier otra cosa, en el amor se es o no se es. La falta de diferencia entre la vida y la muerte es un fenómeno propio del enamoramiento.

  *

  Cuando se es teólogo o cínico, se puede soportar la historia. Pero quienes creen en el hombre y en la razón, ¿cómo es que no enloquecen de desilusión y conservan el equilibrio ante el eterno mentís de los acontecimientos? Sin embargo, apelando a Dios o al asco, se desenvuelve uno bien en el devenir… La oscilación entre teología y cinismo es la única solución al alcance de las almas heridas.

  *

  Esas noches crueles, largas, de una sorda maldad, esas tempestades ahogadas en las aguas muertas de los pensamientos, que soportas por la curiosa sed de saber cómo responderás a esta muda pregunta: «¿Me mataré antes de que amanezca?».

  La materia se ha empapado de dolor.

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  Cuando la razón haya sobrepasado las cumbres del mundo, la estrechez de la vida provocará escalofríos de elefante en un invernadero.

  *

  ¿Qué enloquecidas olas de mares desconocidos me golpean los párpados e irrumpen en mi mente? ¡Cuánta grandeza revela la fatiga de ser hombre!

  *

  El recuerdo del mar en las noches de insomnio nos da, más que la música de órgano o la desesperación, la imagen de la inmensidad. La idea de lo infinito no es más que el espacio creado en el espíritu por la ausencia de sueño.

  *

  El reloj de sol de Ibiza llevaba la siguiente inscripción: Ultima multis.

  … Sobre la muerte sólo puede hablarse en latín.

  *

  Quien tenga una opinión segura sobre una cosa cualquiera demuestra no haberse acercado a ninguno de los misterios del ser.

  El espíritu está, por esencia, a favor y en contra de la existencia.

  *

  En el cuerpo agotado por el insomnio descubres dos ojos perdidos en un esqueleto. Y en la magia perturbadora del estremecimiento te buscas en lo que no has sido y nunca serás…

  *

  Un hombre sólo puede hablar honradamente de sí mismo y de Dios.

  *

  Te encuentras en el seno de la vida siempre que dices, con toda tu alma, una banalidad…

  *

  ¿A qué misterio se debe el que nos despertemos algunas mañanas con todos los errores del Paraíso en los ojos? ¿En qué manantiales de la memoria abrevan lágrimas interiores de dicha, y qué antiquísimas luces mantienen el éxtasis divino sobre el desierto de la materia?

  … En mañanas como ésas entiendo la no-resistencia a Dios.

  *

  El futuro: el deseo de no morir, traducido a una dimensión temporal.

  *

  La nobleza de no pecar nunca contra la muerte…

  *

  El universo ha encendido sus voces en ti, y tú, tú vas paseando por el bulevar…

  El cielo ha prendido fuego a sus sombras en tu sangre, y tú, tú sonríes a tus semejantes… ¿Cuándo derribarás los claustros de tu corazón sobre ellos?

  Hay tanto de inesperado y tanta inmoralidad en la infinitud del alma, que uno se pregunta cómo la aguantan el desierto de los huesos y el agotamiento de la carne.

  *

  El hechizo de la tristeza se parece a las olas invisibles de las aguas muertas.

  *

  La necesidad de anotar todas las reflexiones amargas, por el extraño miedo a no poder volver a estar triste nunca más…

  *

  No teniendo el éxtasis a mano, como los místicos, descubres las zonas más profundas del ser en las graves recaídas del cansancio… Las ideas refluyen a su fuente, se sumergen en la confusión originaria y el espíritu sobrevuela las simas de la vida.

  Sentir el mundo como dolor que va taladrándote durante los momentos de cansancio delirante despoja a las cosas de su engañoso esplendor y nada nos impide acceder a la zona originaria del principio, pura como una aurora final. Así desaparece todo lo que el tiempo agregó a la virtualidad inicial. La existencia aparece ante nosotros como tal: a remolque de la nada, y no es la nada lo que está en los límites del mundo, sino el mundo en los límites de la nada.

  El cansancio como instrumento de conocimiento.

  La razón bañada a la luz nocturna de la desesperación.

  *

  El espíritu tiene pocos remedios. Puesto que, en primer lugar, debe sanarnos de sí mismo. Uno se acerca a la naturaleza y a la mujer, huye y vuelve de nuevo, con todo el temor a lo insoportable de la felicidad. Hay paisajes y abrazos que dejan un sabor de exilio, como todo lo que mezcla lo absoluto con el tiempo.

  *

  Estás irremediablemente sometido en manos de la quimera y de la vida cuando al contemplar el cielo en los ojos de una mujer no puedes olvidar el original.

  *

  Poder sufrir con locura, valor, sonrisa y desesperación.

  El heroísmo no es sino la resistencia a la santidad.

  El peligro en el sufrimiento es el ser amable; soportar con comprensión. Sientes, así, que de ese hombre que eras, amasado de carne infinitamente mortal, vas deslizándote hasta convertirte en un icono.

  No seas para nadie ejemplo de perfección; destruye en ti todo cuanto es modelo y huella a seguir.

  Que los hombres aprendan de ti a asustarse de las vías del hombre. Ese es el sentido de tu sufrimiento.

  *

  La mente, arrancada de sus raíces, se ha quedado sola consigo misma.

  *

  Todas las preguntas se reducen a esto: ¿cómo puedes no ser el más infeliz?

  *

  Lo que no está afectado por la enfermedad resulta prosaico y lo que no aviva la muerte está falto de misterio.

  *

  Sordo cántico en las profundidades: la enfermedad reza en los huesos.

  *

  La vida únicamente merece ser vivida por las delicias que florecen sobre sus ruinas.

  *

  Cuando se encuentra una cierta distinción en el lamento, la paradoja es la forma por la cual la inteligencia ahoga al llanto.

  *

  ¿Qué amaneceres despertarán a mi razón, ebria de lo irreparable?

Emil Cioran.- El ocaso del pensamiento capitulo undécimo

La melancolía: el tiempo convertido en afectividad.

  *

  Me gustaría vivir en un mundo de flores heridas por el sol y que, mirando al suelo, abrieran sus pétalos en dirección contraria a la luz.

  La naturaleza es una tumba y los rayos solares nos impiden tendernos en ella. Al apartarnos de la sustancia de la muerte, los rayos solares originan una grave crisis de lo inesencial. A plena luz, somos nuestra apariencia; en la oscuridad, somos lo más que alcanzamos de nosotros mismos y, por ello, ya no somos.

  *

  El hastío: tautología cósmica.

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  Quien nunca escuchara un órgano no entiende cómo puede evolucionar la eternidad.

  *

  ¡Si todo cuanto he dado en vano a los hombres lo hubiera derrochado en Dios, cuán lejos estaría ahora!

  *

  Que la vida tiene una calidad existencial sólo por nuestras intensidades, ¿no es la prueba más segura del vacío de mundo cuando falta el amor? Sin las tentaciones eróticas, la nada es el obstáculo de cada instante. Solamente el restablecimiento del amor obliga al mundo a ser, y sus pasiones son una sordina para la nada.

  Una insuficiencia de amor equivale a una ausencia de existencia; y el vacío erótico, a un universo purificado de ella. ¿No es el hastío un vacío de amor, una pausa en su indispensable ilusión demiúrgica?

  ¿Y no nos hastiamos por una insuficiencia de delirio? El delirio introduce una nota de ser en la monotonía de la nada. De las últimas vibraciones del alma irrumpe el universo, el vuelo de los pensamientos apasionados lo recrea incesantemente.

  En medio del hastío, sabemos que la existencia no ha tenido la oportunidad de ser; en sus intermitencias nos olvidamos de todo y somos.

  *

  Cuando con un esfuerzo doloroso llevas la carga del propio ser, tus semejantes están más cansados de ti que tú mismo.

  Cuando el desapego del mundo alcanza un cierto grado, los hombres existen sólo por los excesos de la memoria, y tú por un vestigio de egoísmo.

  Adondequiera que encaminares tus pasos sólo te encontrarás con Dios.

  *

  ¿Cómo podrían mirar el cielo los que no tienen pesares?

  *

  Para amar hay que olvidar que nuestros semejantes son criaturas; la lucidez sólo nos acerca a Dios y a la nada. Sólo alcanzan la felicidad aquéllos para quienes el amor es un todo que no les revela nada, los que aman entre escalofríos de ignorancia y perfección.

  Visto desde el horizonte del mundo, Dios está tan lejos como la nada.

  *

  Esa enorme y abrumadora invasión de ciertas madrugadas, cuando tenemos la impresión de encontrarnos de pronto en posesión de la clave de los últimos arcanos, en una extenuante fiebre de conocimiento y de alucinación final, o esas noches diluidas en un morado tembloroso que se nos ofrecen enervantes y perfectas como jardines del espíritu…

  ¿Quién tendría palabras para la imposibilidad de no saberlo todo? ¿Y cuántos instantes de desgarradora felicidad para el conocimiento cuentan en la vida? Ni tan siquiera un velo esconde ya nada. Pero volvamos al misterio para poder respirar…

  ¿Por qué un mediodía tiene más objetividad que el atardecer? ¿Por qué el crepúsculo es interior y el caudal de luz se queda fuera, en sí mismo?

  … Toda sugerencia de final implica un exceso de subjetividad. La vida como tal no ocurre en el corazón. Sólo la muerte. Por ello es el más subjetivo de los fenómenos, aunque más universal que la vida.

  ¡Ojalá tuviera más constancia en Dios! ¿Qué restos de vida me retienen en El en tanto que yo mismo? ¡Si yo pudiera desaparecer en Su seno…!

  *

  Las blancas e inmóviles nubes que cubren el cielo de la locura… Cuando se mira a menudo la falta de matices sombríos, ese gris claro de las alturas, se tiene la impresión de haber proyectado sobre la bóveda celeste las sombras marchitas del cerebro y la lividez muda de la mente.

  *

  Los precipicios del hombre no tienen fondo porque descienden en Dios.

  *

  Dios nos mira a través de cualquier lágrima.

  *

  ¡Dios mío! ¿Por qué he merecido la dicha sobrenatural de este instante en que estoy fundiéndome en los cielos? ¡Arroja sobre mi cabeza dolores aún mayores si tan alta recompensa tienen! ¿He perdido mi rastro entre los ángeles? Haz que jamás vuelva a encontrarme conmigo. ¡Ayúdame para que pueda ahogar mi espíritu en el paraíso de los sentidos que el cielo ha hecho enloquecer!

  *

  El hombre no tiene derecho a creerse perdido mientras la desesperanza esté ofreciéndole la destrucción voluptuosa en Dios.

  *

  Cuando los deseos se vuelven espumosos, se llega a vivir gracias a la aceptación dada a cada instante. Obligados a otorgarnos la existencia, se amplía el espacio entre el mundo y nosotros por la repetición incesante del esfuerzo.

  La vigilia del espíritu pone al tiempo enloquecido sordina a su decisión de ser. ¿No nos engulliría la escala del tiempo si no lo sosegáramos en el esfuerzo de consentir a la naturaleza?

  Los otros seres viven; el hombre se esfuerza en vivir. Es como si nos miráramos al espejo antes de cada acción. El hombre es un animal que se ve viviendo.

  *

  La idea es una especie de melodía que se ha enriquecido.

  *

  El pensamiento proyecta la nada como una consolación suprema, bajo la presión de un infinito orgullo herido. Al querer ser todo y oponérsele el todo, ¿qué haría sin la dimensión absoluta de la ausencia?

  Los tormentos de la soberbia desmesurada volatilizan al ser y revisten a la nada del prestigio que lleva consigo la grandeza, en el que se apacigua la pasión del orgullo. El no-ser es un esplendor fúnebre que apaga nuestros celos divinos. La sugestión de la nada satisface nuestro apetito por lo Absoluto, al igual que la gracia de la muerte lo hace por la armonía en el desastre.

  *

  ¿Cuándo conseguiré desprenderme de mí mismo? Todos los caminos conducen a esta Roma interior e inaccesible; el hombre es una ruina invencible. ¿Quién habrá vertido tanto entusiasmo en sus decepciones?

  Vivir en sentido último: volverse santo de la propia soledad.

  Embrujado en tu soledad, las horas cesaron y la Eternidad ha empezado a sonar. Y Dios tañe las campanas hacia tu cielo…

  *

  La soledad es un afrodisíaco del espíritu, así como la conversación lo es de la inteligencia.

  *

  Hay tantas posibilidades de morir en la música interna, que nunca encontraré mi fin… Sólo se es cadáver en ausencia de sonoridades internas. Pero cuando los sentidos gimen por ellas, el imperio del corazón supera al del ser y el universo pasa a desempeñar la función de un acorde interior y Dios se vuelve la prolongación infinita de una tonalidad.

  Cuando a mitad de una vieja sonata a duras penas puedes reprimir un «¡Dios mío, que no se acabe nunca!», las ondas de una vertical locura nos impulsan hacia el estado divino. Exiliarme allí con toda la música.

  *

  El hombre está tan solo que la desesperación le parece un nido y el pavor un refugio.

  Inútilmente busca un sendero en la espesura del ser, se queda mohíno con la cara vuelta al callejón sin salida de su propio espíritu. Porque, en él, la luz no se ha separado de la oscuridad. Como remate de la Creación, el espíritu pertenece al principio del mundo.

  Nada despojará de su conciencia a las noches del tiempo. ¿No se ennoblecerá más su destino durante esa herencia nocturna?

  El hombre tiene de su parte muchas noches…

  *

  Siempre que caigo presa de los sortilegios del hastío, vuelvo los ojos al cielo. Y entonces sé que algún día moriré de tedio, en pleno día, a la vista del sol y de las nubes…

  «… Si es posible, aleja de Mí este cáliz.» El cáliz de los hastíos.

  También quisiera gritar yo: «¡Padre!». ¿Pero a quién, si el hastío también es una divinidad?

  ¿Por qué tengo que abrir los ojos sobre el mundo para descubrir un Getsemaní del Hastío?

  *

  La tierra es demasiado estéril para encontrar en ella los inmisericordes y enervantes venenos que me libren del oficio que representa existir… ¡Que de desintegraciones celestiales emanen aromas empapados en la nada, que de las alturas caigan copos narcotizantes en heridas que ya no se cerrarán…! ¡O que lluvias del más allá, lluvias venenosas, se cuelen a través de un cielo loco y caigan sobre la llanura enferma de la razón…!

  ¡Dios mío! Yo no digo que tú no seas; digo que yo ya no soy.

  *

  Si la nada nos diese solamente un perverso apetito por lo absoluto, no tendría importancia; pero, al crearnos un doloroso complejo de superioridad, nos hace fijar la vista abajo, hacia el ser, y consolar nuestra nostalgia con el desprecio.

  *

  Del «yo» sólo deberían hablar Shakespeare o Dios.

  *

  Entre dos seres que se hallan en un mismo grado de lucidez el amor no es posible. Para que el encuentro sea «feliz» uno de ellos tiene que conocer más de cerca las delicias de la inconsciencia. Un mismo alejamiento de la naturaleza los hace igualmente sensibles a su perfidia; de lo que deriva una molestia por los equívocos del eros y, sobre todo, una reserva en esa inevitable complicidad. Cuando las falacias de la vida ya no tengan nada impermeable a nuestros ojos, es bueno que la mujer esté casi en un estado de ignorancia. El amor no puede consumarse entre dos ausencias de ilusiones; uno siquiera tiene que no saber. El otro, víctima de la lucidez del espíritu, supervisa el goce de ese prójimo idéntico y se olvida de sí mismo por el contagio.

  El trastorno caótico de los sentidos, en el éxtasis implícito y periférico, parece una lastimosa concesión en la que los secretos de la vida resultan transparentes al hombre y a la mujer. Parecen admitir sus yerros contra la vigilia del espíritu, pero lo único que logran es contemplar su olvido y aminorar, a través del pensamiento, el hechizo de su desaparición horizontal. Así introduce la lucidez una nota crepuscular en los suspiros de ese absoluto barato.

  *

  Las desilusiones, el odio y el orgullo no nos excusan de los hombres como las fuerzas del alma que se adueñan de nosotros con el vigor de una revelación súbita. ¿Qué otra cosa podrías decirle entonces a alguien, y por qué decírselo cuando el escalofrío interno es como un río que corriera repentinamente hacia lo alto?

  El oleaje de una violenta felicidad nos arroja del seno de la humanidad y, al multiplicar nuestra identidad, suspende las sonrisas destinadas a las mujeres o a los amigos. El yo se pierde en su infinitud, la vida se amplifica en intensidades que la hacen vacilar entre varios mundos. De todo cuanto hemos sido sólo queda un patético soplo.

  Lo infinito de la noche parece un límite en el horizonte de esa amplitud y se anhela la extinción como un límite, la agonía como un espacio acotado. ¿Quién habrá injertado lo infinito en un pobre corazón?

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  Como a los hombres les falta la poesía, ¿dónde pueden fondear sino en la muerte? ¿No proyecta la inmanencia del no-ser un gran prestigio sobre el paisaje borroso y desabrido del ser?

  El anhelo de ahogarse, de elevarse a los cielos ahorcándose o de poner fin tumultuosamente a la vida, procede de una sublimación del hastío, flauta en el fondo del infierno.

  Exprimir de los instantes una canción de perdición, inventar venenos trascendentes en el tedio del tiempo, pulverizar demonios en la sangre y en el devenir…

  El sentido metafísico del tiempo es desembarazarnos de la carga de la individuación. Ser es una empresa difícil porque subimos hacia el no-ser; un vacío lanzado hacia una suprema degradación de la existencia.

  El tiempo es una subida en pendiente hasta el no-ser.

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  Con todos los sentidos ansío los deleites del fin… ¿Qué anhelo de misteriosas satisfacciones me inclina a ellos? ¡Es imposible no descubrir la grandeza de la muerte después de haber sido traicionado por la vida!

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  Quien ha visto a través de los hombres y a través de sí mismo, ¿tendría que construirse, de asco, una fortaleza en el fondo de los mares?

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  La infelicidad sólo se encuentra en un temperamento esencialmente contradictorio.

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  El que está cansado de sí mismo cansa a sus semejantes y se cansa de ellos.

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  Las repetidas decepciones suponen ambiciones inhumanas. Los hombres verdaderamente tristes son los que, no pudiendo echarlo todo a rodar, se han aceptado como ruina de su ideal.

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  El tiempo es la cruz donde nos clava el hastío.

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  Contra la acometida de los encantos y el soplo de éxtasis que trastornan el orden de mi vida hacia lo ilimitado, el asco de mí mismo es mi única barrera.

  ¿Qué otra cosa puedo hacer con tanto yo?

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  Bach es un decadente en sentido celestial. Sólo así se explica la solemne descomposición que no puedes evitar siempre que te encuentras con el mundo que él creó.

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  A medida que el hastío espesa el tiempo, adelgaza las cosas hasta hacerlas transparentes. La materia no resiste su implacable desfiguración.

  Aburrirse significa ver a través de los objetos, volatilizar la naturaleza. Incluso las rocas se disuelven en humo cuando el mal que es la lucidez se abre hacia ellas.

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  No sé de una sola de mis sensaciones a la que no haya sepultado en el pensamiento. (El espíritu es una tumba de la naturaleza.)

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  El suicidio, como cualquier otro intento de salvación, es un acto religioso.

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  La sinceridad, expresión de la inadaptabilidad a las ambigüedades esenciales de la vida, deriva de una vitalidad vacilante. Quien la practica no se expone al peligro como se cree comúnmente, sino que ya está en peligro, al igual que todo hombre que separa la verdad de la mentira.

  La inclinación a la sinceridad es un síntoma enfermizo por excelencia, una crítica de la vida. Quien no ha matado en sí mismo al ángel está destinado a la desaparición. Sin yerros no se puede respirar ni tan siquiera un instante.

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  Unos ojos apagados no se encienden más que por amor del anhelo de la muerte; la sangre no se inflama sino en un himno de agonía.

  ¿Estoy subiendo o bajando por las pendientes del ser?

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  Un animal que ha visto la vida y que todavía quiere vivir: el hombre. Su drama se agota en esa exasperación.

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  En un corazón donde se haya instalado la nada la irrupción del amor es indeciblemente desgarradora porque no encuentra terreno alguno donde florecer. Si tan sólo hubiera que conquistar a la mujer, ¡qué fácil sería! ¡Pero roturar la propia nada, dominarse trabajosamente en la hostilidad del alma, abrir al amor un camino hasta uno mismo! Esa guerra, que te arroja con odio contra ti mismo, explica por qué nunca querrás matarte de modo más cruel que en las convulsiones del amor.

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  En Beethoven no hay suficiente hechizo enervante ni suficiente cansancio…

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  La última sutileza del diablo es la diferencia entre el infierno y el corazón.

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  Sólo en los grandes sufrimientos, cuando estás muy cerca de Dios, te percatas de lo vano que es el papel de Mediador de su Hijo y qué destino menor esconde el símbolo de la Cruz.

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  El espíritu le debe casi todo a los sufrimientos físicos. Sin ellos, la vida no sería más que vida.

  Solamente la enfermedad trae algo nuevo. ¿Es que no es la quinta estación?

  La nirvanización cotidiana por medio del pensamiento y el dolor.

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  Cuando llevas tanta música en un mundo sin melodía…

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  El hombre no es un animal hecho para la vida. Por ello gasta tanta vitalidad en el deseo de morir.

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  La irrealidad de la vida en ninguna parte es más inquietante que en la desesperanza de la felicidad. De ahí, lo indeciblemente doloroso del amor.

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  Toda la poesía de las voces interiores se reduce a la imposibilidad de separar el deseo de morir del de vivir.

  Las esperanzas son frágiles nidos para los finales. Vivir y morir: dos signos para la misma ilusión.

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  Todas las lágrimas no derramadas se han vertido en mi sangre. Y yo no he nacido para tantos mares ni para tanta amargura

Emil Cioran.- El ocaso del pensamiento capitulo decimo

La soledad te transforma en un Cristóbal Colón navegando hacia el continente de tu propio corazón.

  ¡Cuántos mástiles se yerguen en tu sangre cuando sólo los mares te atan al mundo! Yo me embarcaría a cada momento hacia los ocasos del Tiempo.

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  Una sonrisa inagotable en el espacio de una lágrima…

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  La pereza se me encarama al cielo. Y paso una eterna vacación al abrigo del párpado divino…

  ¿Valdrá Dios lo que el mar? ¿Por qué cuando me golpean las olas la teología me parece una ciencia de las apariencias?

  El mar, inmensa enciclopedia de la aniquilación, es más extenso que el cielo, pobre manual de lo Absoluto.

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  A los pensamientos peligrosos precede una debilidad física. La discreción del cuerpo frente a todo lo que no es mundo.

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  Como la filosofía carece de órgano para las bellezas de la muerte, hemos emprendido todos el camino de la poesía…

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  Dios no ha tenido necesidad de enviarnos verdugos; hay tantas noches sin lágrimas… Al alborear la vida tiemblan las sombras de la muerte. ¿No es la luz una alucinación de la noche?

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  Entre los hombres y yo se interponen los mares en los que me he sumergido con el pensamiento. De igual suerte, entre Dios y yo se alzan los cielos bajo los que no he muerto.

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  Hay tanto despilfarro de alma en los perfumes, que las flores parecen estar impacientes por entregar su espíritu al Paraíso. Y cuando los hombres pierdan la imagen de éste, la reconstituirán dormitando en el corazón de un perfume o calmando sus sentidos con una mirada intensificada por la melancolía.

  Después de que Adán destruyese el sentido de la felicidad el Paraíso se escondió agazapado en los ojos de Eva.

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  Todo lo que no brota de la lozanía de la tristeza es de segunda mano. ¡Quién sabe si no pensamos en la muerte para salvar el honor de la vida!

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  En Francia durante el siglo XVIII no se dijo ninguna banalidad. Francia, por otro lado, consideró siempre la idiotez como un vicio, la falta de espíritu como inmoralidad. Un país donde no puede creerse más que en el nihilismo. Los salones fueron jardines de dudas. Y las mujeres, enfermas de sagacidad, suspirando ante besos escépticos. ¿Quién entenderá la paradoja de este pueblo que, abusando de la lucidez, no se ha saturado de amor? ¿Qué caminos habrá descubierto al eros desde el desierto de la amargura y de la lógica? ¿Y qué es lo que le habrá guiado ingenuamente hacia la falta de ingenuidad? ¿Hubo alguna vez en Francia un niño?

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  En lo tocante a la música, los franceses no han creado gran cosa porque les gustó demasiado la perfección en este mundo. Y, además, la inteligencia es la ruina de lo infinito y, por tanto, de la música.

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  Hay miradas como destinadas a consolarnos de todas las melodías que no hemos oído…

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  Cuando quieras volverte hacia Dios, hiela la luz entre él y tú. El hombre sufre de una primavera de la oscuridad.

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  En la tristeza todo se vuelve alma.

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  El cielo, cuando al atardecer pasa del azul al gris, refleja en el mar el luto a medias de la mente.

  La locura es una inclinación de la razón por lo gris.

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  Para ser feliz con la soledad necesitas tener la preocupación constante de una obsesión o de una enfermedad. Pero cuando el hastío dilata los sentidos en el vacío y el mundo abandona al espíritu, el aislamiento se vuelve agobiante e insulso, y los días parecen tan absurdos como un ataúd colgando de un cerezo en flor.

  *

  El hastío es la sensación enfermizamente clara del tiempo que te espera, en el que tienes que vivir y con el que no sabes qué hacer.

  Tratas en vano de engañarte, pero el sol lo dilata, la noche lo espesa y lo acrecienta y va alargándose como si fuera una gran mancha de aceite que arañara el resplandor de tu pavor.

  ¿Por qué pesan tanto los instantes? ¿Cómo es que no duermen a la vera de nuestra fatiga? ¿Cuándo le arrebatará Dios el tiempo al hombre?

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  Si una sola vez has estado triste sin motivo, lo has estado toda la vida sin saberlo.

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  Resulta curioso cómo buscamos olvidar por medio del amor lo que todos los azules del cielo y todas las mitologías del alma no pueden hacernos olvidar. Pero dos senos no pueden ocultarnos la verdad, aunque nos proporcionan más calor que las lejanas luces de Dios.

  Ningún mundo nos ofrece plenamente las falacias de la vida; pero el miedo a desengañarse de ellas se convierte en fuerza con cada falacia.

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  He visto todo cuanto hay y me he retirado a las fronteras de mi corazón…

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  Durante el llanto de las horas atormentadas me parece oír a los seres que he matado en sueños…

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  Sólo puedes hallar reposo en esta tierra en los ojos que no la han visto. Quisiera que me embalsamaran con todas las miradas ciegas de mundo.

  Por encima de cada pensamiento se alza la bóveda de un cielo.

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  Dios es el heredero de los que murieron en El. Así te separas fácilmente de ti y del mundo, dejándolo que prosiga adelante con el hilo de tantas tristezas y abandonos.

  *

  Es muy posible que los hombres no hayan sido desterrados del Paraíso, es muy posible que hayan estado siempre aquí. Esa suposición, que tiene su origen en el conocimiento, ha hecho que yo los rehúya. ¿Cómo se puede seguir respirando a la sombra de un ser que no sufre de recuerdos celestiales?

  Así llegas a aliviar tu tristeza en otro lugar y a olvidar con repugnancia de dónde viene el hombre. Cualquier instante me parece una repetición del Juicio Final, y cualquier lugar en el mundo, un confín del mundo.

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  Quien no conozca la tentación es un fracasado. Por ella vivimos, por ella nos hallamos en el interior de la vida.

  Cuando se ha terminado con el mundo, las tentaciones celestiales nos encadenan como una prueba de la última reserva de vitalidad. Con Dios abortamos el fracaso inscrito en el exceso de amarguras.

  Y cuando éstas nos secan los sentidos, una sensualidad del corazón sustituye con llamas sutiles la ciega agitación de la sangre. El cielo es una espina en el instinto; lo absoluto, una palidez de la carne.

  *

  ¡La vida me parece tan extraña desde que ya no le pertenezco!

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  Pasan años de tormentos y pensamientos ligados al cielo y a la tierra sin que te preguntes por el sentido de ese vacío llamado aire y que tan vagamente se interpone entre esas dos realidades aparentes. De pronto, una tarde cargada de hastío y eternidad, su impalpable inmensidad se te hace enervante e irresistiblemente presente. Y entonces te extrañas de haber estado buscando planicies en las cuales ahogarte cuando él, inmenso espacio diáfano, te llama a la disolución y a la perdición.

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  Mi cosmogonía añade a la nada inicial una infinidad de puntos suspensivos…

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  Mientras los hombres no prescindan del embaucador embeleso del futuro, la historia continuará siendo un hostigamiento difícil de entender. ¿Pero podemos esperar que los hombres vuelvan sus ojos de nuevo hacia la eternidad de la no-espera y transforme cada uno su destino siguiendo el ejemplo del pozo artesiano? ¿Alcanzarán un destino de devenir vertical? ¿Y lanzará el río del proceso universal sus gotas hacia las alturas, convirtiendo su inútil curso horizontal en una inutilidad hacia el cielo?

  ¿Cuándo caerá la humanidad en ella misma, a semejanza de las fuentes? ¿Cuándo dará otro curso a sus falacias?

  ¡Ojalá la vida se prolongara como si nada existiese ya! Pero el hombre, al reproducirse, se vale de la excusa del futuro.

  *

  Si se trata de elegir entre errores, Dios resulta por lo menos el más reconfortante y el que sobrevivirá a todas las verdades. Pues se formó en el punto donde la amargura se vuelve eternidad, igual que la vida (error pasajero) nació en la encrucijada de la nostalgia con el tiempo.

  *

  ¿Por qué cuándo el cansancio se adentra hasta el sueño comprendo mejor a las plantas que a los hombres? ¿Por qué las flores únicamente se abren por la noche? ¿Y por qué ningún árbol crece en el tiempo?

  ¿Habré pasado con la naturaleza del lado de la eternidad?

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  La melancolía es el límite de poesía que podemos alcanzar en el interior del mundo. No sólo contribuye a nuestra elevación, sino también a la de la propia existencia. Esta se ennoblece conforme avanza hacia la irrealidad, y ese devenir se debe más que nada a la proximidad de un estado onírico.

  La irrealidad es un excedente ontológico de la realidad.

  *

  Sólo reconozco existencia a los seres que no pertenecen ya al mundo. Esas mujeres que no han dejado escapar la misteriosa oportunidad de morir día a día de melancolía… Es como si uno sólo hubiera amado a Lucile de Chateaubriand…

  A veces me parece que podría descubrir fácilmente todos los secretos del mundo, excepto el de su desarraigo.

  La nobleza del alma deriva de la inadaptación a la vida. ¡Cómo crecen nuestros afectos cerca de los corazones heridos!

  *

  ¿De dónde nacerá la sensación de amontonamiento infinito del tiempo, de invasión de la vejez en medio de la juventud y de sus ilusiones? ¿Por qué doloroso misterio te vuelves un Atlas del tiempo a la edad de las mentiras?

  No te agobia nada de lo que has vivido inconscientemente; los instantes han muerto vivos en ti y no han quedado cadáveres en la senda de las esperanzas y de los yerros.

  Pero todo lo que has sabido, toda la lucidez asociada al tiempo, constituye una carga bajo cuyo peso se asfixian todos los afanes.

  La vejez prematura, el infinito cansancio en las todavía sonrosadas mejillas, es el resultado de todos los momentos que ha acumulado monstruosamente el transcurso del tiempo en el plano de la conciencia.

  Soy viejo por todo lo que no es olvido en mi pasado, por todos los instantes que he sustraído a la perfecta ignorancia de la temporalidad y los he obligado a estar solos y, a mí, a estar solo con ellos.

  Contra mi cabeza se estrellan las maldiciones del devenir, cuya inconsciencia no me permite la cruel violación de la lucidez y el tiempo se venga por haberlo sacado de su sendero.

  ¡Dios mío! ¿Para cuándo un nuevo diluvio? Arcas, puedes enviar las que quieras. ¡No voy a ser yo un descendiente de la cobardía de Noé!

  *

  Los seres, extenuados por su propia presencia, sienten muy intensamente el deseo de morir. Al colocarte en el centro de tu obsesión, harto de tu yo, tienes la necesidad de escapar de él. Así los impulsos procedentes de la muerte disuelven la estructura de la individualidad.

  *

  La desgracia de los hombres es no poder mirar al cielo sino de forma oblicua.

  Si los ojos tuvieran una relación perpendicular con él, otro habría sido el cariz de la historia.

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  ¿La enfermedad? Un atributo trascendente del cuerpo.

  En cuanto al alma, está enferma por el mero hecho de ser.

  La patología trata de las invasiones psíquicas en los tejidos.

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  Nubes que piensan y parecen ser tan extrañas al cielo como a la tierra… Ruysdael.

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  Todo es posible desde el momento en que has perdido los frenos del tiempo.

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  Utiliza la razón mientras estés a tiempo.

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  Hay tanta niebla en el corazón del hombre que los rayos de cualquier sol ya no se van una vez que entran. Y hay tanto vacío en sus sentidos, en sus desparramados sentidos, que descarrían a palomas locas de alas desgarradas por los vientos en los caminos que lo acercan al mundo.

  *

  ¿De qué estratos de la inexistencia proviene el tedio de los días, para desentumecernos hasta el horror del sopor de la existencia?

  ¿Llegaremos alguna vez hasta las fuentes del hastío? ¿Descifraremos la enervante demencia de la carne y la calamidad de una sangre turbia?

  ¡Cómo se pulveriza en un plañidero misterio la sustancia de la vida y cómo secan las fuentes de la existencia el tedio omnipresente, parodiando negativamente el principio divino! ¡El hastío es tan inmenso como Dios y más activo que él!

  *

  Sin Dios, la soledad sería un alarido o una desolación petrificada. Pero con El, la nobleza del silencio atempera el desvarío que nos produce la falta de consuelo. Cuando ya lo hemos perdido todo, recobramos la calma eternizando nuestros sueños bajo los desnudos árboles de sus alamedas.

  Sólo el pensar en El me mantiene de pie. Cuando extirpe mi soberbia, ¿podré acostarme en su cuna misericordiosa y profunda y adormecer mis insomnios consolado por su vigilia?

  Más acá de Dios sólo nos queda el anhelo por El.

  *

  Todo cansancio esconde una nostalgia de Dios.

  *

  ¿Cómo pueden dialogar dos hombres cuyos sufrimientos no están a igual distancia de Dios? ¿Qué tienen que decirse dos seres en los cuales la muerte no se ha elevado al mismo nivel? ¿Y qué es lo que se leen en las miradas cuando cada una refleja un cielo distinto?

  *

  El conocimiento de los hombres nos lleva a quedarnos más solos con Dios.

  *

  Un arquitecto desarraigado de la tierra podría construir con nuestras amarguras un monasterio en el cielo.

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  La falta de orgullo vale lo mismo que la eternidad.

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  La desgracia de los que durante toda su vida han estado buscándose a sí mismos es reencontrarse incluso en Dios. Una humildad apacible e inmensa es el único modo de transformar en virtud el cansancio de existir.

  Quien ya no quiere ser está expresando negativamente una aspiración a todo. Desear la nada satisface púdicamente una secreta y confusa apetencia de divinización. Sólo nos aniquilamos en Dios para ser El mismo. Las vías de la mística pasan por los más dolorosos misterios de la soberbia de las criaturas.

  *

  ¿Por qué en la iluminación incurable de la muerte me siento menos seguro que en medio de la vida? La conciencia de morir es algo tan desastrosamente seguro que te reconforta de la ausencia de hombres y verdades.

  Los acordes de órgano y la nostalgia de la muerte mezclan la eternidad con el tiempo hasta llegar a la promiscuidad. ¡Tan absolutamente extraviado en el devenir, y un alma delicada llevando tanto cielo y tanta tierra!

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  Mueres de lo esencial cuando te desligas de todo.

  *

  ¿Dios? La nada en hipóstasis de consuelo. Un soplo positivo en la Nada pero por la que querría sangrar como un mártir… exonerado de morir.

  Es muy posible que el secreto último de la historia humana no sea otro que la muerte en y para Dios. Todos nos extinguimos en sus brazos, los ateos los primeros.

  *

  La extraña sensación de que todos los pensamientos han huido de mí hacia Dios, que guarda mi mente cuando la he perdido…

  O que, perdido en Su interior, una sed de apariencias me impide seguir respirando.

  El desajuste entre Dios y la vida conforma el más acerbo drama de la soledad.

  *

  ¡Dios mío! ¡Sólo me quedas tú! Tú, vestigio del mundo y yo, de mí mismo. Espuma de mis abandonos, en ti quisiera truncar mi espíritu y poner fin a mis vanas convulsiones. Tú eres el sepulcro con el que sueña el ser en los momentos de tribulación, y la cuna suprema de la inmensa fatiga.

  ¡Esparce aromas de adormidera sobre mis irreflexivas rebeldías, absórbeme en ti, mata en mí el impulso a dejarme arrastrar hacia auroras y seducciones, ahoga la loca elevación de mi pensamiento y destroza mis cumbres iluminadas por tu proximidad! Extiende tus sombras, cúbreme de horribles tinieblas, no estoy pidiéndote la gracia de los momentos de misericordia sino la humillación eterna y dura y la generosidad de tu noche.

  ¡Siega mi cosecha de esperanzas para que, desierto en ti, ausente de mí mismo, deje ya de tener tierra alguna dentro de tu espacio!

  *

  Después de haber leído a los filósofos retornas a la infancia absoluta del espíritu, musitando una oración y refugiándote en ella.

  *

  Como si acabara en ti un último resto de la sustancia pura de la noche con la que Dios se encontró la primera vez…

  *

  Algunas noches en blanco duran tanto que, tras ellas, el tiempo ya no es posible…

  Quien en su agitación acumula los elementos dolorosos del mundo ya no conoce nunca más un principio ni un fin. Todo es eterno. Las cosas que no pueden satisfacerse en el sufrimiento participan de la cualidad de lo eterno.

  *

  Cuando nunca se ha marchado al mismo compás que la vida: unas veces a un ritmo mayor, invadiendo sus límites, otras menor, arrastrándose por debajo de ella. Semejante a esos ríos que no tienen cauce: o se desbordan o se secan.

  Anclado por defecto o por exceso se está predestinado a la desdicha, como cualquier ser arrancado de la línea de la vida. Ser es un obstáculo para lo infinito del corazón.

  *

  ¡Es tan misterioso el fenómeno por el que un hombre crece más allá de sí mismo! Al despertarse ya no ve a nadie a su alrededor. De esa forma, dirige su mirada al cielo, a la altura más próxima. En materia de soledad, el hombre sólo tiene que aprender del Altísimo.

  *

  El espíritu florece sobre las ruinas de la vida.

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  Dicen: «Fulano conoce a Spinoza, a Kant», etcétera. Sin embargo, no he oído que se diga de nadie: «Ese conoce a Dios». Que es lo único que importaría.

  *

  Cuando durante la noche se abre la mente a alguna que otra verdad, la oscuridad se vuelve tenue como el diáfano espacio de una evidencia.

  *

  La enfermedad otorga a la vida, por la fuerza de lo inevitable y el prestigio de lo fatal, una dimensión hacia lo ilimitado que obstaculiza dolorosa y noblemente el ritmo de la existencia. Todo cuanto es profundo resulta de la proximidad de la muerte.

  Y cuando tu dolencia no proviene de ninguna enfermedad sino de la presencia de otros mundos en el inicio de tu existencia… Un cansancio divino parece haber descendido a la mismísima sustancia del ser…, el meollo de la vida está extenuado por el cielo…

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  El terror es una memoria del futuro.

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  Esos temblores de fúnebre maldad en que te gustaría matar hasta el aire…, sacudido por una sonrisa como las manos de un muerto en una pesadilla.

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  Vivir no entraña nobleza. Pero rodearte de una aureola de aniquilación…

  *

  En vano corres tras la existencia y la verdad. Todo es nada, una danza de alucinaciones desprovista de ritmo. Lo que hace que una cosa sea es nuestro estado febril, y las verdades se proyectan sobre un mundo de ausencias por la viveza de nuestros ardores. El soplo sustancial que transforma la no existencia del mundo en realidad emana de nuestras intensidades. Si fuéramos más fríos o más reposados, nada sería. Una lumbre interior sostiene la aparente solidez de la naturaleza, aviva el paisaje yermo de la vida. Las ascuas de nuestro interior son los arquitectos de la vida, el mundo no es más que una prolongación exterior de nuestra hoguera.

  *

  ¿Acaso perdonará Dios al hombre por haber llevado tan lejos su humanidad? ¿Comprenderá El que no ser ya hombre es el fenómeno central de la experiencia humana?

  *

  Existir, o sea, teñir de afecto cada instante. Mediante matices de sentimiento hacemos a la nada una concesión de realidad. Sin los dispendios del alma viviríamos en un universo blanco. Porque «los objetos» no son sino ilusiones materiales de excesos interiores.

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  El último peldaño del inicio de nuestra primavera: Dios.

  *

  Como el espíritu es una falta positiva de vitalidad, las ideas que surgen de él son, por compensación, grávidas.

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  Cuanto menos especializados son los deseos, tanto más rápidamente realizamos lo infinito por medio de los sentidos. Lo indefinido en los instintos conduce irrevocablemente hacia lo absoluto.

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  Del recuerdo del tiempo en el que no hemos sido y del presentimiento del tiempo en que no seremos nace la sugestión de infinitud melódica de la melancolía.

  *

  El corazón no se ha moldeado según la pequeñez del mundo. ¿Podré seguirlo hasta el cielo o necesitaré un tobogán hacia la muerte?

  Una vez purificado de tiempo, ya no se está abierto más que a la brisa divina.

  *

  ¿Qué secreta frescura impulsa en medio del mundo y de su desolación a ese misterioso e inmenso delirio con el que sostienes en vida el universo inclinado hacia la desintegración, el impulso doloroso e irresistible que insufla movimiento y esperanzas a la tierra y a las criaturas, que refuerza las flaquezas de la carne y desvía el espíritu de los sufrimientos de la nada para rehacer el edificio cósmico y el prestigio del pensamiento?

  ¿No es la creación la reacción última frente a la ruina y lo irremediable? ¿No resucita el espíritu al hallarse ante la proximidad del desenlace y del callejón sin salida del destino? De lo contrario, ¿por qué no viene la caída, por qué permanecemos de pie cuando todo se ha vuelto uno por la monotonía de la náusea y de la nada?

  *

  Cuando te laceran con fuerza las insatisfacciones de la vida, te pareces a un náufrago que huyera de la orilla del mar. Terminas buscando sólo olas y nadando por la inmensidad de su rizada superficie.