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domingo, 19 de marzo de 2017

Calvin y Hobbes

Los auténti­cos Cal­vin y Ho­b­bes: Juan Cal­vino (1509-1564) y Tho­mas Ho­b­bes (1588-1679). Ho­b­bes man­tuvo una lar­ga, en­co­na­da (y por mo­men­tos pe­li­gro­sa) contro­ver­sia con los pres­bite­ria­nos britá­ni­cos, ma­yo­rita­rios en Es­co­cia, una Igle­sia crea­da por se­gui­do­res de la teo­lo­gía re­for­ma­da de Cal­vino. Aun­que más mo­de­ra­dos po­liti­ca­men­te que los an­gli­ca­nos, Ho­b­bes los acusa­ba igual­men­te de ha­ber pro­vo­ca­do la gue­rra civil

Calvin y Hobbes son una de las tiras cómicas más populares de todos los tiempos. Dos mil quinientos periódicos publicaban diariamente las aventuras de esta peculiar pareja hasta el momento en que, en 1995, su autor, Bill Watterson, decidió ponerle punto final. Los protagonistas de tan exitosa serie son un tigre de peluche, Hobbes, y su dueño, Calvin, un chavalín de seis años, cuya desbordante imaginación solo es superada por sus formidables travesuras. El niño es ocurrente y gruñón —un joven cascarrabias al que todos querríamos conocer, pero ninguno educar—, mientras que su aterciopelado tigre es su perfecto contrapunto: un personaje sarcástico y con los pies en la tierra, que participa del mundo delicadamente infantil que Calvin crea a su alrededor.

    Los nombres de estos menudos filósofos están inspirados, según su propio autor, por un francés y un inglés, Juan Calvino y Thomas Hobbes, para más señas. Pero más allá de la adopción de sus nombres, se pueden trazar al menos otras dos semejanzas entre los personajes y nuestro protagonista. En primer lugar, es probable que la transformación de Hobbes en un ingenioso tigre responda a su concepción del hombre como un animal instintivamente agresivo, aunque capaz de llevar una vida pacifica, como un peluche. En segundo lugar, Calvin da vida a su mascota en su mundo interior, mientras que, de forma similar, el pensador inglés hizo lo propio con su monstruo titánico, el Leviatán.

El medievo en el cine

Abundan las películas ambientadas en la Edad Media, aunque de calidad desigual. Aquí señalo solo algunas de interés general y que me parecen dignas de volver a visionar.

   
      Quizá haya sido El nombre de la rosa (1986), magistralmente dirigida por Jean-Jacques Annaud, la que mejor acogida ha tenido entre el público culto. El guion se basa en la novela homónima escrita por el conocido intelectual italiano Umberto Eco, cuya tesis doctoral versó sobre el problema estético en Tomás de Aquino. Entre los protagonistas sobresale Sean Connery, en el papel del franciscano Guillermo de Baskerville.

      En El séptimo sello (1957), cuya acción se desarrolla durante la epidemia de peste negra, el director sueco Ingmar Bergman reflejó bien la atmósfera sombría de la época, en que el fanatismo, la pobreza y la muerte campaban a sus anchas.

      La búsqueda de seguridad por parte de los campesinos y las luchas entre los aristócratas protectores son el argumento principal de The War Lord (1965), El señor de la guerra en su versión española, interpretada por Charlton Heston.

      El director italiano Pier Paolo Pasolini dirigió una película titulada Los cuentos de Canterbury (1972), basada en la novela homónima de Chaucer. Aprovechando un relato de la misma obra, «El cuento del caballero», Brian Helgeland realizó el film A Knight’s Tale (2001), Destino de caballero en la versión española

      La leyenda del rey Arturo ha sido prolífica cinematográficamente. Nombremos una de esas recreaciones, muy conocida por su éxito comercial: Excalibur (1981), del director John Boorman.

      Al héroe de la épica castellana Rodrigo Díaz de Vivar está dedicada El Cid (1961), una superproducción en cuyos papeles estelares figuraron Charlton Heston y Sophia Loren.

      Paseo por el amor y la muerte (1969), de John Huston, está ambientada en la llamada guerra de los Cien Años, conflicto bélico entre Francia e Inglaterra por motivos dinásticos y territoriales que tuvo lugar entre los siglos XIV y XV.

      El fundador de la orden franciscana, san Francisco de Asís, es el eje de la película Hermano Sol, hermana Luna (1972), dirigida por Franco Zeffirelli. Otro gran director italiano, Roberto Rossellini, le había dedicado antes al mismo santo la titulada Francesco, giullare di Dio (Francisco, juglar de Dios, 1950). Después, rodó para la televisión Agostino d’lppona (1972), dedicada a san Agustín, el principal representante de la patrística latina

      De tema andalusí hay que reseñar El destino (Al-massir; 1997), del director egipcio Youssef Chahine, sobre el filósofo, jurista y médico cordobés Averroes. Al-Ándalus, el camino del sol (1989), dirigida por Antonio Tarruella y Jaime Oriol, trata de la vida del emir Abderramán I, fundador de la dinastía omeya en España. Una panorámica de la historia y la civilización hispano-musulmanas nos la ofrece la serie televisiva El legado andalusí (2005), dirigida por José Sánchez Montes, ahora disponible en cuatro DVD. Una acertada aproximación científica ha sido llevada al cine por el matemático Antonio Félix Costa González en Arabescos y geometría (UNED, 2006), en que se estudian los conceptos geométricos a través de la decoración de los palacios de la Alhambra