domingo, 19 de marzo de 2017

Arthur Schopenhauer Parerga y Paralipomena Capitulo 5: Algunas palabras sobre el panteísmo

§ 68

  La controversia entre teísmo y panteísmo sostenida en la actualidad por los profesores de filosofía se podría simbolizar de forma alegórica y dramática mediante un diálogo que se desarrolló en el parterre de un teatro de Milán durante la representación. Uno de los interlocutores, convencido de que se encontraba en el famoso teatro de marionetas de Girolamo, admiraba el arte con que el director había fabricado las marionetas y dirigía la representación. El otro, por el contrario, decía que no era así en modo alguno, sino que se encontraban en el Teatro della Scala, el director y sus compañeros interpretaban ellos mismos y estaban realmente dentro de las personas que veían ante sí; y también el poeta tomaba parte en la representación.

  Es divertido ver como los profesores de filosofía coquetean con el panteísmo como con una fruta prohibida y no tienen el valor de cogerla. Su conducta al respecto la he descrito ya en el tratado Sobre la filosofía de la universidad, en donde recordábamos al tejedor Bottom en El sueño de la noche de San Juan[133]. ¡Oh, qué amargo pan es el de las cátedras de filosofía! Primero hay que bailar al compás del ministro y, una vez que se ha hecho con suficiente gracia, por fuera puede uno ser atacado por los salvajes devoradores de hombres, los verdaderos filósofos: ellos son capaces de guardárselo y llevarlo consigo para sacarlo ocasionalmente como un polichinela de bolsillo, a fin de divertir en sus exposiciones.

  § 69

  En contra del panteísmo no tengo principalmente más que esto: que no dice nada. Llamar «Dios» al mundo no significa explicarlo sino solo enriquecer el lenguaje con un superfluo sinónimo de la palabra «mundo». El que digáis «el mundo es Dios» o «el mundo es el mundo» viene a ser lo mismo. Ciertamente, cuando se parte de Dios como si El fuera lo dado y lo que se ha de explicar; es decir, cuando se dice «Dios es el mundo», se da en cierto modo una explicación, en la medida en que se reduce lo ignotum a lo notius[134]: pero se trata de una simple explicación verbal. Mas cuando se parte de lo realmente dado, es decir, del mundo, y se dice: «El mundo es Dios», se hace patente que con ello no se ha dicho nada o, cuando menos, se ha explicado ignotum per ignotius[135].

  Precisamente por eso el panteísmo supone el teísmo como antecedente suyo: pues solo en la medida en que se parte de un Dios, es decir, se lo tiene ya de antemano y resulta una idea familiar, se puede llegar finalmente a identificarlo con el mundo, en realidad con el fin de eliminarlo de una forma decorosa. En efecto, no se ha partido imparcialmente del mundo como algo que se ha de explicar, sino de Dios como algo dado: pero después no se sabía ya a dónde ir con él, y su papel lo ha tenido que asumir el mundo. Ese es el origen del panteísmo. Pues a nadie se le ocurrirá de antemano y de forma imparcial considerar este mundo un dios. Está claro que tendría que ser un dios mal aconsejado aquel al que no se le ocurriera mejor diversión que transformarse en un mundo como el presente, un mundo tan hambriento, para ahí, en la forma de innumerables millones de seres vivos, pero angustiados y atormentados, que existen un instante a base de devorarse unos a otros, sufrir miseria, necesidad y muerte sin medida ni fin; por ejemplo, en la forma de seis millones de esclavos negros, recibir a diario un promedio de sesenta millones de latigazos a cuerpo desnudo y, en la forma de tres millones de tejedores europeos, con hambre y aflicción vegetar extenuados en húmedas habitaciones o lóbregas fábricas, y cosas similares. ¡Buen entretenimiento para un dios que, en cuanto tal, tendría que estar acostumbrado a algo totalmente distinto[136]!.

  Por consiguiente, el presunto gran avance que hay del teísmo al panteísmo, si se lo toma en serio y no como una negación enmascarada según antes se indicó, es un tránsito desde lo indemostrado y difícilmente pensable a lo directamente absurdo. Pues por muy oscuro, oscilante y confuso que sea el concepto con el que se vincula la palabra «Dios», dos predicados son inseparables de él: el poder supremo y la suma sabiduría. Que un ser dotado de ellos hubiera de ponerse a sí mismo en la situación antes descrita es directamente una idea absurda: pues está claro que nuestra situación en el mundo es tal que ningún ser inteligente, por no hablar de uno omnisciente, se pondría en ella. — El panteísmo es necesariamente optimismo y, por lo tanto, falso. El teísmo, en cambio, es algo simplemente indemostrado; y aunque resulte difícil pensar que el mundo infinito es obra de un ser personal y por lo tanto individual, del tipo que conocemos únicamente a partir de la naturaleza animal, no es directamente absurdo. Pues podemos pensar que un ser todopoderoso y omnisciente haya creado un mundo atormentado, aunque no podamos conocer el porqué: por eso, incluso si le seguimos atribuyendo la cualidad de la suprema bondad, el carácter inexplicable de su decisión se convierte en el pretexto por el que tal doctrina evita aún que se la tache de absurda. Pero en el supuesto del panteísmo, el mismo Dios creador es el infinitamente atormentado y el que, solamente en esta pequeña Tierra, muere una vez a cada segundo; y lo es por libre decisión: eso es absurdo. Mucho más correcto sería identificar el mundo con el diablo: de hecho, eso ha hecho el venerable autor de la Teología alemana cuando, en la p. 93 de su inmortal obra (según el texto modernizado, Stuttgart, 1851), dice: «Por eso el espíritu malvado y la naturaleza son lo mismo, y cuando no se ha superado la naturaleza, tampoco se ha superado el malvado enemigo[137]».

  Está claro que esos panteístas dan el nombre Dios al sansara. El mismo nombre le dan, en cambio, los místicos al nirvana. Sin embargo, cuentan de este más de lo que pueden saber, cosa que no hacen los budistas; por eso su nirvana es una nada relativa. — La palabra «Dios» la usan en su sentido verdadero y correcto la sinagoga, la Iglesia y el islam. Si entre los teístas hay quienes entienden con el nombre «Dios» el nirvana, no queremos discutir con ellos por el nombre. Son los místicos los que parecen haberlo entendido así. Re intellecta, in verbis simus faciles[138].

  La expresión frecuentemente oída hoy en día: «El mundo es fin en sí mismo» deja sin resolver la cuestión de si se explica a través del panteísmo o del simple fatalismo, pero en todo caso solo permite una significación física del mismo y no moral; pues al admitir esta última, el mundo se presenta como medio para un fin superior. Pero justamente aquella idea, que el mundo solamente tiene una significación física y no moral, constituye el error más funesto, nacido de la máxima perversidad del espíritu.
 [133] Véase Parerga y Paralipomena I, p. 199 [p. 211]. [N. de la T] <<
  

  
    [134] [Lo desconocido a lo más conocido.] <<
  

  
    [135] [Lo desconocido por algo más desconocido.] <<
  

  
    [136] Ni el panteísmo ni la mitología judía son suficientes: intentad explicar el mundo, tenedlo alguna vez en consideración. <<
  

  
    [137] [Theologia deutsch, ed. de Franz Pfeiffer, Stuttgart, 1851, p. 93.] <<
  

  
    [138] [Si se entiende la cuestión, seamos condescendientes en las palabras.] <<


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