domingo, 19 de marzo de 2017

Hombres que son lobos

Gra­ba­do en ma­de­ra que re­pre­sen­ta los dos ban­dos en­fren­ta­dos du­ran­te la gue­rra civil in­gle­sa. A la de­re­cha, los par­la­men­ta­ristas, tam­bién co­no­ci­dos como «Ro­undhea­ds» (o «Ca­be­zas Pe­la­das») por el cor­te de pelo tí­pi­co de los pu­rita­nos. A la iz­quier­da, los «Cava­liers» rea­listas con sus lar­gas pe­lu­cas.
     
   

    Francisco Vitoria dejó escrito que: «Non enim homini homo lupus est, ut ait Ovidius, sed homo». Es decir, que «el hombre no es el lobo del hombre, como dice Ovidio, sino un hombre». Este jurista español del Renacimiento, muy leído por Grocio y seguramente por Hobbes, se refiere a la obra más universal de Ovidio, Metamorfosis (donde, por cierto, no aparece la famosa cita de Hobbes que vamos a comentar a continuación). Allí se relata la que está considerada la primera transformación de un hombre en lobo, en las carnes de Licaón:

   
      Aterrado él huye y alcanzando los silencios del campo

      aúlla y en vano hablar Intenta; de sí mismo

      recaba su boca la rabia, y el deseo de su acostumbrada matanza

      usa contra los ganados, y ahora también en la sangre se goza.

      En vellos se vuelven sus ropas, en patas sus brazos:

      se hace lobo y conserva las huellas de su vieja forma.

      La canicie la misma es, la misma la violencia de su rostro,

      los mismos ojos lucen, la misma de la fiereza la imagen es.
   

    Es obligado hablar de lobos al presentar el pensamiento de Thomas Hobbes. Más concretamente hay que comentar el pasaje de De Cive por el que muchas personas lo recuerdan. Nos estamos refiriendo al ya mencionado «homo homini lupus est»: «el hombre es un lobo para el hombre». Una advertencia a todos los que vayan a repetir esta cita celebérrima. Conviene ser precavidos. En realidad, lo que Hobbes pretende cuando la usa es contraponer dos máximas de la antigua Roma: «Para hablar imparcialmente, estos dos dichos son muy verdaderos: que el hombre es una especie de Dios para el hombre y que el hombre es un auténtico lobo para el hombre. Lo primero es verdad si comparamos unos ciudadanos con otros; y lo segundo, si comparamos ciudades» (DCI, dedicatoria). Además, el autor de este aforismo pesimista es en realidad el romano Plauto (254 a. C. - 184 a. C.), quien, en su Comedia de los asnos, asegura por boca de uno de sus personajes que aquellos que no conocemos, para nosotros, son más parecidos a un lobo que a una persona. Y así parece corroborarlo el sentido común. Como lo atestiguan las numerosas advertencias que se repiten diariamente a los más pequeños, los desconocidos pueden ser peligrosos. No resulta prudente, pues, confiar en ellos ni mucho menos aceptar sus caramelos, sobre todo si estos son gratis.

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