domingo, 19 de marzo de 2017

Galileo Galilei : Forma, tamaño y lugar del «Infierno» de Dante I

I

  Es asombroso y maravilloso que los hombres hayan podido, a través de su observación perseverante, su vigilancia continua y sus exploraciones arriesgadas, determinar la medida de los cielos, sus movimientos rápidos y lentos, sus proporciones, el tamaño de las estrellas —no sólo de las cercanas sino también las más lejanas— y la geografía de la tierra y los mares: cosas que, ya sea en su totalidad o en sus partes más grandes, nos parecen razonables; cuánto más maravillosa debemos estimar la investigación y la descripción del lugar y la forma del Infierno. Éste, sumergido en las entrañas de la Tierra, escondido de todos los sentidos, por experiencia no lo conoce nadie; aunque es fácil de encontrar, es, sin embargo, de difícil regreso, tal como nos lo relata nuestro poeta al decir:


    Abandonad toda esperanza, vosotros que entráis


  (Infierno III, 9)

  Y su guía:

  Las puertas del Infierno están abiertas noche y día, llano el descenso y fácil el camino: pero regresar y mirar los cielos alegres es portentosa labor y en esto yace el cometido.

  (Eneida VI, 192-195)

  La falta de otras historias se suma grandemente a la dificultad de su descripción. Para explicar ese teatro infernal, es necesario contar con un cartógrafo y un arquitecto, con sus juicios más notables, como, al final, nuestro Dante lo ha probado. Si él, quien desarrolló de modo sublime la asombrosa construcción de los cielos y diseñó tan exquisitamente el lugar de la Tierra, tuvo la merecida reputación de sustentar el nombre de divino, entonces, por las razones que ya se dieron, ¿no ha ganado nuestro poeta ese título una vez más?

  Dante describe el Infierno, pero lo deja tan oculto en las tinieblas que otros tras él se han cansado de tratar de explicar su arquitectura. Entre éstos, hay dos que han escrito en forma prolífica: uno es Antonio Manetti; el otro, Alessandro Vellutello; pero cada uno ha escrito de modo diferente, y ambos, de manera muy alambicada, aunque, seguramente, no por alguna falta suya, sino por la dificultad del tema, que no admite una fácil explicación. Nosotros, consecuentemente, obedeciendo la orden dada por quien tiene la facultad de hacerlo, hemos venido hoy para tratar de ver si a través de la voz animada, acompañada de dibujos, podemos explicar a quienes no lo han entendido, el significado de una opinión y de otra; y en suma, si hay tiempo, añadiremos argumentos para hablar de una parte y de otra, que pudieran persuadir de que las dos descripciones están de acuerdo con las intenciones del poeta. Al final haremos nuestro mayor esfuerzo usando otros argumentos para mostrar qué tanto se acercan a la verdad, esto es, a la mente de Dante; con esto quizá aclararemos de qué manera tan errada el virtuoso Manetti, y junto con él, la más docta y noble Academia Florentina, han sido difamados por Vellutello.

  Pero antes de continuar, no permitan que sus oídos escrupulosos se ofendan, acostumbrados como están a escuchar que en este lugar siempre resuenen palabras decorosas y selectas que ofrece el idioma toscano, y discúlpenos si de vez en cuando éstos son embestidos por algún menoscabo o conclusión adecuada a ese arte tan útil para nosotros, tomado tanto de la lengua griega o del latín, ya que el material del cual habremos de hablar nos obliga a ello.

  El orden que elegiremos para explicar la opinión de Manetti será éste: primero hemos de considerar la forma y el tamaño del Infierno, ambos en su conjunto y en comparación con el total de la Tierra. En segundo lugar hemos de ver dónde está localizado, es decir, abajo de la superficie de la Tierra, donde se encuentra. Tercero, veremos en cuántos niveles se divide, difiriéndolos entre sí en mayor o menor distancia del centro de la Tierra, y cuáles de estos niveles son sencillos y cuáles están compuestos de varios círculos o anillos y cuántos hay. En cuarto lugar, mediremos los intervalos que se encuentran entre un nivel y otro. Quinto, encontraremos la anchura de un lado a otro en cada nivel, tanto del círculo como del anillo. En sexto lugar, habiendo considerado las cosas principales arriba mencionadas, volveremos a contar brevemente el viaje que hizo Dante a través del Infierno, y señalaremos algunas cosas particulares, útiles para el conocimiento perfecto de este lugar.

  Llegamos ahora a la explicación de la opinión de Manetti, y antes que nada a la forma. Yo digo que es en la forma de la superficie cóncava, que nosotros llamamos cónica, en la que el vértice se halla ubicado al centro del mundo, y la base está contra la superficie de la Tierra. ¿Pero cómo funciona esto? Abreviaremos y facilitaremos el argumento, y al considerar al mismo tiempo la forma, el lugar y el tamaño, permitámonos imaginar una línea recta que viene del centro de la Tierra (que es también el centro de solidez y del universo) hasta Jerusalén, y un arco que se extiende desde Jerusalén pasando por la superficie del agua y de la Tierra, conjuntamente, a una veinteava parte de su circunferencia más grande: una de las extremidades de dicho arco terminará en Jerusalén; de la otra, trazaremos una segunda línea recta hasta el centro de la Tierra y obtendremos el segmento de un círculo, contenido por dos líneas que vienen del centro y del arco mencionado. Hemos de imaginar, entonces, que la línea que une Jerusalén al centro está fija, y la otra línea y el arco deben moverse en un círculo, y que dicho movimiento debe ir cortando a la Tierra, hasta regresar donde empezó. Ahí se cortará una parte de la Tierra en forma de cono, el cual, si imaginamos que se extrae de la Tierra, dejará, en el lugar donde estuvo, un hoyo con la forma de una superficie cónica, y éste es el Infierno. Y de esta descripción tenemos, primero, la forma; segundo, el lugar, que al estar situado en su punto más bajo forma el centro del mundo, y su base o desembocadura queda contra esa parte de la Tierra centrada en Jerusalén, como uno manifiestamente sabe del mismo Dante cuando, tan pronto como ha atravesado por el centro al otro hemisferio, escucha a Virgilio decir:


    Ahora estás abajo del hemisferio opuesto a ese

    que cubre con dosel la extensa tierra árida:

    Bajo su cenit está el sitio

    donde se asesinó al Hombre sin pecado

    que ahí nació y vivió…


  (Inferno XXXIV, 112-115)

  Y en el segundo canto del Purgatorio, al estar en el hemisferio opuesto, confirma lo mismo, diciendo:


    Ya el Sol se unió al horizonte

    cuyo círculo meridiano cubre

    Jerusalén con su punto más elevado.


  (Purgatorio II, 1-3)

  El tamaño y la profundidad del Infierno son tan grandes como el radio de la Tierra, y su desembocadura, que es el círculo que da una vuelta completa a Jerusalén, tiene por diámetro un tamaño equivalente, ya que bajo el arco de la sexta parte del círculo se forma una cuerda equivalente al radio.

  Pero al querer saber su tamaño con respecto al total del volumen de la Tierra y del océano, no sólo debemos seguir la opinión de algunos que han escrito sobre el Infierno, los cuales creen que ocupa su sexta parte, puesto que al hacer el cómputo de acuerdo a los métodos que Arquímedes probó en su libro Sobre las esferas y el cilindro, encontraremos que el espacio del Infierno ocupa poco menos que 1/14 parte del total del volumen; digo esto por si ese espacio se extendiera por toda la superficie de laTierra, lo cual no ocurre, al contrario, la desembocadura permanece cubierta por una gran bóveda de tierra, cuya cima es Jerusalén y cuyo espesor es la octava parte del radio, que es de 405 15/22 millas.

  Al haber entendido que ésta era su forma general, hemos de dividirla en sus niveles; porque su superficie interna no es tan llana y simple como correspondería a la descripción que hemos dado; más bien, se divide en ciertos niveles en los que se castigan varios pecados con varios castigos; y de estos niveles hemos de señalar el número y el orden, y luego de modo más específico, los tamaños y las distancias de uno a otro, y la división de alguno de estos en varios anillos, diferenciados y nombrados de esta manera por el poeta. Esta enorme caverna, entonces, se divide en ocho niveles, distinguiéndose entre sí por la mayor o menor distancia del centro; de tal forma que el Infierno se parece a un enorme anfiteatro, que se va angostando conforme desciende de un nivel al otro; pero un anfiteatro tiene el escenario al fondo, y el Infierno termina su profundidad casi al centro, el cual forma un punto individual. Estos niveles van girando por la concavidad del Infierno, y el primero, el más cercano a la superficie de la Tierra, es el Limbo; el segundo es donde se castiga a los voluptuosos; en el tercero se castiga a los glotones; el cuarto contiene a los disipados y a los avariciosos. El quinto nivel se divide en dos círculos, el primero contiene la laguna Estigia y los fosos defensivos alrededor de la ciudad, el lugar está asignado a los sufrimientos de los coléricos y los resentidos; el segundo es la ciudad de Dis, sitio para los herejes. Y aquí se debe señalar que al decir niveles no implicamos lo que Dante llama círculos, porque nosotros proponemos que los niveles son distintos entre sí por una distancia mayor o menor del centro, lo que no siempre ocurre con los círculos; así, declaramos que en el quinto nivel el poeta sitúa dos círculos. Pero debido a que sigue llamando círculos a los otros niveles, podemos decir que en total hay nueve círculos y ocho niveles. Luego, por lo tanto, sigue el sexto nivel y el séptimo círculo, el tormento de los violentos, que se divide en tres anillos, tan nombrados por el autor. Y aquí podemos notar la distinción que hace Dante entre los círculos y los anillos, al ser éstos parte de los círculos, como en este séptimo, dividido en tres anillos rodeados unos por otros. Y el primero y más grande en circunferencia, es un lago de sangre, el cual circunda un bosque de troncos cortados, que cercan al tercer anillo, la cual es una llanura de arena. En el canto XIII leemos:


    Aquí empezó el buen maestro, antes de que vayas

    más lejos, entérate que ahora estás en éste,

    el segundo anillo, y así estarás hasta

    alcanzar la horrible arena.


  (Infierno XIII, 16-19)

  Los círculos séptimo y octavo contienen todo el Malebolgia, donde se castiga a los fraudulentos. El octavo y último nivel, que es el noveno círculo, abarca las cuatro esferas de hielo en las que se hallan los traidores. Pero al determinar las distancias de un nivel al otro, de los cuales hay ocho, yo digo que los primeros seis son iguales, y cada uno es una octava parte del radio de la Tierra, esto es, 405 15/22 millas. Y por tanto, el Limbo está distante de la superficie de la Tierra, de la misma manera que el segundo nivel está del Limbo; y así, el tercero del segundo, el cuarto del tercero, el quinto del cuarto y el sexto del quinto. Restan las dos últimas distancias, esto es, la distancia del círculo de los violentos al Malebolgia, que es la profundidad del desfiladero de Gerión, y la del Malebolgia al hielo, que es el foso de los gigantes; y estas dos distancias serían de nuevo la misma de acuerdo con Manetti, iguales la una con la otra y con las demás, es decir, cada una es la octava parte del radio; ello, gracias a sus observaciones de los lugares que, deducimos, deben ser desiguales. Pero esto se debe a que Dante dice que el noveno y último bolgia giran a lo largo de 22 millas, al escuchar las palabras de Virgilio en el canto XIX:


    … No hallaste ninguna razón

    para demorar así en ningún otro foso.

    Considera, si contarlos es lo que intentas,

    este valle extendido a lo largo de una ruta circular

    de veintidós millas.


  (Inferno XXIX, 7-9)

  Y en consecuencia, el diámetro debe ser de siete millas. Y la décima de once millas, como uno lo ve en el siguiente canto, que dice:


    … Si todavía fuera ligero

    para avanzar siquiera una pulgada hacia adelante

    cada cien años, ya me habría ido

    por este camino, tratando de encontrarlo a él

    entre esta gente mutilada, a pesar de

    que el circuito es de once millas en su circunferencia

    y por lo menos de media milla a lo ancho de su sendero.


  (Infierno XXX, 82-86)

  Y debe tener, en consecuencia, un diámetro de 3 ½ millas. Se sigue que la anchura del noveno bolgia debe ser de 1 ¾ millas. Y al dar tal anchura a cada uno de los demás, el primer bolgia, que es el más largo, llega a tener un diámetro de 35 millas, y éste es el diámetro al final de la penúltima distancia, es decir, como se ha dicho, el intervalo del círculo de los violentos en el Malebolgia. Y si el diámetro tiene esto, al hacer el cómputo encontraremos que la distancia de dicho lugar al centro debe ser de 81 3/22 millas, como se demostrará a continuación, cuando hablemos de la anchura de los bolgias. Y si 81 3/22 millas es la última distancia, el penúltimo será el resto hasta los 2/8 del radio de la Tierra, es decir, 730 5/22 millas. Por consiguiente, ésta es la profundidad del desfiladero, y la profundidad del foso es de 81 3/22 millas.

  Ahora bien, ya que debemos llegar al método que usó Manetti para investigar la anchura de todos los niveles del Infierno, estimamos que es necesario proponer como alternativa una propuesta geométrica cuyo conocimiento nos ayudará grandemente a entender lo que hay que determinar, y que es la siguiente: si entre dos líneas que se entrecruzan se trazaran algunas partes de la circunferencia de los círculos, cuyo centro es el punto de intersección de las líneas, estas circunferencias tendrían entre sí las mismas proporciones que el radio de los círculos. Y esto queda claro pues forman sectores parecidos de círculos cuyos lados son proporcionales a los arcos, como se demuestra en la geometría.

  Una vez dicho esto, volvemos a las anchuras. Manetti usó las líneas rectas que extrajimos del centro de la Tierra, una dirigida a Jerusalén, la otra al extremo, o como podríamos decir, al borde de la desembocadura del Infierno (cuando llega hasta la superficie de la Tierra), y en el arco que se dibuja de un lado al otro de éstos, que mide 1 700 millas, él señaló 10 espacios, cada uno de 100 millas, empezando por la entrada; a partir de esto, dedujo las anchuras de algunos niveles y anillos, como veremos de modo más particular ahora. De esta forma, tomó el final de los primeros cien y a partir de ahí dibujó una línea hasta el centro del mundo, y con esto terminó con la anchura del Limbo, es decir, con el primer círculo. Y esta línea junto con aquella otra previamente trazada del borde de la desembocadura al centro se va angostando proporcionalmente hasta alcanzar el centro, donde se encuentran, y se decía que la distancia que hay del Limbo a la superficie de la Tierra era la octava parte del radio, por lo que se concluirá, dada la propuesta justamente argumentada, que la anchura del Limbo se angosta por la octava parte de la que estaba en la superficie de la Tierra; y porque ahí había 100 millas, quitando la octava parte, que es de 12 ½ millas, así quedará que la anchura del Limbo es de 87 ½ millas. Volviendo entonces al segundo ciento, de un extremo ubicado en Jerusalén se traza una segunda línea que va hacia el centro y ésta termina la anchura del segundo círculo, el cual, al estar distante de la superficie de la Tierra por 2/8 del radio, aminora la anchura en la misma proporción, que en la superficie es de 100 millas; ahí resta la anchura del segundo círculo, que es de 75 millas. Y observamos el mismo orden en el tercero y cuarto niveles, que disminuyen la anchura por la proporción de su distancia a la superficie de la Tierra, hasta el tercer círculo, al que Manetti asignó la anchura de 62 ½ y al cuarto, de 50 millas. Pero para determinar la anchura del quinto nivel, tomó 300 en dicho arco sobre la superficie de la Tierra, y esto fue porque el quinto nivel se divide en dos círculos, y el primero de éstos se divide a su vez en dos anillos, es decir, la laguna Estigia y el foso defensivo, pero el segundo círculo, es decir, la ciudad, permanece indiviso. Y debido a que este nivel está distante de la superficie de la Tierra por 5/8 del radio, disminuyendo la anchura en la misma proporción, que en la superficie de la Tierra es de 300 millas, él dedujo la anchura del quinto nivel, de 112 ½ millas, del cual tomó la tercera parte, es decir, 37 ½, para dársela a la laguna; otros 37 ½ al foso defensivo, y el último tercio al cementerio de los herejes, dentro de la ciudad. Y de esta manera, debajo de este nivel, se han usado hasta siete de los 10 cientos señalados en el arco sobre la superficie de la Tierra, es decir, cuatro para los primeros cuatro círculos y tres para el quinto.

  Ahí sobran, en consecuencia, 300 para dar la anchura del sexto nivel, que se divide en tres anillos, es decir, el lago de sangre, el bosque y la llanura de arena. Así, es conveniente que todos sean iguales, y debido a que este nivel está lejos de la superficie por 6/8 del radio, aminorando las 300 millas que tenemos en la superficie con esa proporción, tenemos 75 millas, de las cuales asignaremos 25 a cada anillo.

  Hasta aquí hemos distribuido 1 000 de las 1 700 millas señaladas en la superficie, en el arco que va de Jerusalén a la desembocadura del Infierno, al asignar la anchura a los círculos antedichos. Nos quedan, por lo tanto, 700 millas para distribuirlas en toda la anchura de los círculos restantes, es decir, a través del Malebolgia y el pozo de los gigantes; y esta división, porque pienso corresponde maravillosamente a las anchuras que el mismo poeta asigna al pozo y a los bolgias, me induce, no sin estupor, a creer que la opinión de Manetti se conforma, en todo, a la idea concebida por Dante para este su teatro.

  Al haber llegado ahora a esta división es bueno que demostremos lo que prometimos hace poco: es decir, que si el Malebolgia es, en su máxima anchura, de 17 ½ millas de radio, como se deduce con el mismo Dante, entonces debe haber necesariamente 81 3/22 millas del Malebolgia al centro. Está claro que a las 17 ½ millas de radio que tiene el Malebolgia de radio en su máxima anchura, le corresponden 700 a la superficie de la Tierra; de lo que sigue necesariamente, por la propuesta antedicha, que es más grande la distancia de la superficie de la Tierra al centro, que la distancia del Malebolgia a este mismo centro, puesto que la anchura de 700 millas es mayor que la anchura de 17 2 millas; pero las 700 millas son exactamente 40 veces mayores que las 17 ½ millas; por consiguiente, la distancia de la superficie de la Tierra al centro será 40 veces mayor que la distancia del Malebolgia a partir del mismo centro. Más aún, la distancia de la superficie a partir del centro, es decir, el radio de la Tierra, es de 3 245 5/11 millas, del cual la cuarta parte es de 81 3/22. Por tanto, la distancia del Malebolgia, a partir del centro, es necesariamente de 81 3/22 millas. Y éste era el objetivo que queríamos resolver.

  Ahora, regresando a lo que había que decir sobre la distribución de las 700 millas para adscribir las anchuras a los bolgias y al pozo, yo digo que sabemos por Dante, como dijimos anteriormente, que la anchura del pozo tiene una milla de radio, la anchura de ese espacio que permanece entre el última bolgia y el pozo es de ¼ de milla, el del última bolgia es de ½, y finalmente las anchuras de los nueve bolgias restantes son de 1 ¾ millas cada uno. Y si encontramos esta cantidad de millas que sugieren 700 en la superficie de la Tierra, podremos afirmar sin duda que Manetti ha investigado con maravillosa invención la mente del poeta. Y debido a que ciertamente se ha demostrado que la distancia de la superficie de la Tierra a partir del centro es 40 veces mayor que la distancia del Malebolgia a partir del mismo, y que las distancias corresponden proporcionalmente a las anchuras, lo que en el Malebolgia hubiera medido uno, en la superficie de la Tierra será de 40: la distancia entre el pozo y el último bolgia es de ¼ de milla, lo que en la superficie de la Tierra significa 10 millas; el último bolgia es de ½ milla de anchura; a ésta corresponden, por consiguiente, 20 millas en la superficie: cada uno de los nueve bolgias restantes tiene una anchura de 1 ¾ millas; por ende, a cada una corresponde 70 millas en la superficie; pero al sumarlas nueve veces por 70, por los nueve bolgias, con 20 para el décimo bolgia, con 10 por el espacio entre el décimo bolgia y el pozo, y con 40 por el radio del pozo, tenemos exactamente 700 millas, que es lo que nos sobró para medir la superficie. Por consiguiente, podemos concluir que Manetti ha investigado la mente de nuestro poeta maravillosamente.

  Hemos añadido este discurso, y la demostración de la distancia del Malebolgia al centro, a los textos que han escrito los amigos de Manetti como explicación a sus descubrimientos; mas nos parece que ellos han tenido poco cuidado en explicar las invenciones más sutiles del noble genio de Manetti.

  Nos resta ahora, para completar nuestra labor, producir el tamaño de cada una de las cuatro regiones de hielo, basándonos en el mismo poeta. El método que debe seguirse para lograrlo nos lo da el canto XXXIV:


    El emperador del reino de la aflicción sobresalía

    a partir de medio pecho por encima del hielo circundante.

    La altura y la mina del titán hubieran provisto

    una comparación más cercana que el tamaño

    de su brazo y de un gigante. Imagina el todo

    que es proporcional a partes como éstas.


  (Infierno XXXIV, 28-33)

  Es nuestro propósito investigar el tamaño de las regiones heladas, y sabiendo que Lucifer sobresale del nivel más bajo (que es de lo que se habla en la cita) a partir de la mitad de su pecho, y sabiendo más aún que el ombligo de Lucifer está en el centro del mundo, como lo sabemos del Poeta en el mismo canto:


    … Y entonces

    cuando hubimos alcanzado el eje de los muslos,

    justo donde la cadera es más gruesa, con tensión

    y esfuerzo mi maestro giró su cabeza

    hacia donde habían estado sus piernas: y a partir de ahí

    él se aferró del cabello como lo hiciera alguien que escalara;

    así supuse que nos dirigíamos de regreso al Infierno.


  (Infierno XXXIV, 76-81)

  Si, por consiguiente, sabemos el tamaño de Lucifer, también tendremos la distancia del ombligo a la mitad del pecho, y consecuentemente, el radio de la esfera de hielo que se encuentra abajo. Con la descripción del tamaño de Lucifer, proveniente de los versos citados, tenemos que Dante hace una comparación de la estatura de un gigante equivalente a lo que mide sólo un brazo de Lucifer. Si, por lo tanto, conocemos el tamaño de Dante y el del gigante, podremos deducir el tamaño de Lucifer. Pero sabemos que Dante, por aquellos que han escrito sobre su vida, tenía una altura promedio: tres brazos. Por consiguiente, sólo nos resta investigar el tamaño del gigante. Y de esta manera hemos reducido nuestro problema, que era el de encontrar el tamaño del hielo, al tener que investigar sólo el tamaño de un gigante; y luego, al unirlo todo, podremos lograr nuestro cometido, pues si nos es dado el tamaño del gigante, se sabrá qué proporción tiene un hombre con respecto a éste, y por lo tanto, la proporción de un gigante junto a un brazo de Lucifer. Pero se sabe la proporción de un brazo con relación al cuerpo en su totalidad, de tal forma que el tamaño de Lucifer será evidente. Y con esto tendremos la distancia a partir de la mitad del pecho hasta su ombligo y, en consecuencia, el radio de la esfera de hielo más bajo, y finalmente, a partir de la esfera, asignaremos los tamaños de las esferas restantes.

  El poeta escribe, hablando de Nimrod, el primero de los gigantes que encontró en el foso:


    Para mí su rostro pareció alargado y pleno

    como la piña de bronce de San Pedro en Roma,

    con todos sus huesos proporcionales


  (Infierno XXXI, 58-60)

  Si, por ende, el rostro del gigante es tan grande como la piña, éste será de 5 ½ brazos, ya que ese es su tamaño. Los hombres comúnmente son de ocho cabezas de altura, aunque pintores y escultores, como Alberto Durero, que en su libro sobre medidas humanas sostiene que los cuerpos bien proporcionados deben tener nueve cabezas; pero debido a que raramente se encuentran dichas buenas proporciones, pensamos que el gigante tiene ocho veces la talla de su cabeza, de tal forma, tendría 44 brazos de altura, pues eso es lo que se obtiene de ocho por 5 ½. Por lo tanto, Dante, es decir, un hombre promedio, tiene la proporción de tres a 44 en comparación con un gigante. Pero debido a que la relación entre un hombre y un gigante es mayor que la de un gigante con un brazo de Lucifer, si establecemos «tres es a 44, como 44 es a otro número», lo que será 645, tendremos que un brazo de Lucifer debe medir más de 645 brazos. Pero al dejar fuera ese «más», lo cual es incierto, reservando el cómputo para el final, decimos que un brazo de Lucifer es de 645 brazos; pero debido a que la longitud de un brazo es de 1/3 del total de la altura, en Lucifer ésta será de 1 935 brazos, por tanto, «más» significa 645 multiplicado por tres. No obstante, debido a que la relación comparativa entre un hombre y un gigante es mayor que entre un gigante y un brazo de Lucifer, y hemos calculado como si las proporciones fueran iguales, en este caso, Lucifer sería de 1 935 brazos de altura, añadiendo el «más» que está faltando. Así, podemos concluir razonablemente que Lucifer mediría 2 000 brazos de alto. Y si esto es así, el intervalo entre el ombligo y la mitad del pecho será de 500 brazos, porque es la cuarta parte de todo el cuerpo; y esto medirá el radio de la esfera de hielo más baja. Y debido a que no hay textos de Dante de los que puedan deducirse los tamaños de las esferas restantes, Manetti juzga, como podría pensarse razonablemente, que deben tener la misma espesura; y debido a que una circunda a la otra, justo como un cielo circunda al otro, el radio del penúltimo será de 1 000 brazos, el del segundo de 1 500, y finalmente, el primero y más largo tendrá por radio 2 000 brazos. Ésta es toda la explicación completa de la forma, el lugar y el tamaño del Infierno de Dante, de acuerdo a la opinión de Manetti, tanto como me parece necesario decir. Sólo resta por ahora, para la entera satisfacción de lo que prometimos al principio, junto con una breve narración del viaje que hizo el poeta por el Infierno, que debamos entender algunas particularidades dignas de saberse. Al mismo tiempo, señalaremos de nuevo el orden, el número, las distancias y el ancho de los círculos infernales, de tal forma que quedarán mejor impresos en sus mentes.


    A medio camino del viaje de nuestra vida, me encontré

    en un bosque oscuro, el camino correcto había perdido.

    Hablar sobre esos bosques es difícil, tan intrincados y fragosos…


  (Infierno I, 1-3)

  Y esto ocurrió el año de nuestra salvación, 1300, un año de júbilo, durante una noche de luna llena. El bosque en donde esto sucedió se ubica, de acuerdo con Manetti, entre Cuma y Nápoles, y aquí estaba la entrada al Infierno. Y podemos suponer de modo razonable que el lugar era ahí: primero, debido a que el círculo de la desembocadura del Infierno pasa precisamente por Nápoles; segundo, porque en esta región, o no muy lejano a ésta, se halla el lago Averno, las montañas Drago, Aqueronte, Lipari, Mongibello y otros lugares similares, los cuales merecen ser considerados como lugares infernales por los efectos horribles que producen; y, finalmente, uno puede suponer que el poeta imaginó la entrada al Infierno ahí para imitar a Virgilio, su acompañante, quien lo situó en dicho lugar. Así llegaron ante las puertas de la entrada, sobre las cuales se escribieron las palabras en colores oscuros:


    Por mí entras a la ciudad de las aflicciones,

    por mí entras al dolor eterno,

    por mí entras a la población de los extravíos.


  (Infierno III, 1-3)

  Ellos empiezan a descender por una ladera, hasta que llegan a la gruta de los no comprometidos, llenos de odio a Dios y a sus enemigos. Esta gruta es una caverna muy amplia, situada entre la superficie de la Tierra y a orillas del Infierno, como aquellos que habitan ahí, censurados del cielo y de los abismos; aquí encuentran a aquellos infortunados que corren tras un estandarte. Después de su descenso, llegan al río Aqueronte. Este río pasa alrededor del primer círculo del Infierno, que es el Limbo; y aquí encuentran al demonio Carón, quien transporta las almas en su gran barca a la otra rivera. En este lugar, debido al sacudimiento de la Tierra y al destello de la luz roja, el poeta se desmaya, y luego, despertado por un gran tronido, se encuentra en la otra rivera; así bien, caminando, llega a la vereda del primer círculo, y al entrar junto con Virgilio al Limbo, voltea a la derecha y ve a los bebés inocentes que murieron sin haber sido bautizados, y a aquellos que vivieron moralmente, pero sin la fe cristiana, sin otro tormento que no tener la visión de Dios. En este círculo encontraron la flama ardiente y el Castillo Noble, circundado por siete circuitos de paredes. Este círculo está distante de la superficie de la Tierra por 1/8 del radio, es decir, 405 15/22 millas, y su anchura es de 87 ½. Una vez rodeada la décima parte de éste, descienden al segundo, más pequeño y más bajo, donde, bajo el gobierno de Minos, juez de los malditos, las muchedumbres de los sensuales son castigados por un continuo batir de golpes; y la distancia de este círculo al primero es tan grande como la distancia del primero a la superficie de la tierra, es decir, de 405 15/22 millas, y es de 75 millas de ancho. Al haber circundado la décima parte de esto, descienden a la tercera, distante de forma similar a la segunda por 405 15/22 millas, y de 62 ½ millas de ancho, donde se atormenta a los glotones, bajo el mando de Cerbero, con una continua lluvia y granizo. Entonces descienden al cuarto círculo, más pequeño que el tercero, que tiene una anchura de sólo 50 millas, y dista de manera similar del tercero por 405 15/22 millas, donde bajo las órdenes de Plutón, los derrochadores y los avaros se atormentan entre sí, al hacerse girar, uno contra otros, con piedras pesadas. Circundando, siempre a mano derecha, la tercera parte de esto, ellos encuentran, cerca del final, una fuente de la cual deriva un riachuelo que, al caer al quinto círculo, forma la laguna Estigia, de 37 ½ millas de ancho, donde bajo la vigilancia de Flegias se castigan a dos tipos de pecadores, es decir, los coléricos que están por encima del fango, y los resentidos que se hallan por debajo; y en los fosos defensivos alrededor de la ciudad, de 37 ½ millas de ancho, se halla el tormento de los envidiosos y los soberbios. El otro círculo es la ciudad de Dis, donde el dominio de las Furias castiga a los herejes en sepulcros calientes y rojos. Ellos pasan de la orilla del pantano a esta ciudad, que es de 37 ½ millas de ancho, en la barca de Flegias, circundando la décima parte del pantano y de los fosos defensivos, y también de la ciudad, moviéndose siempre a mano derecha. A partir de este nivel, a través de un gran barranco de rocas, descienden al sexto círculo, más abajo que el quinto por 405 15/22 millas, y dividido en tres anillos, cada uno de 25 millas de ancho; y en el primero, que es un lago de sangre llamado Flegetón, se castigan, bajo el resguardo del Minotauro, a los que fueron violentos con sus vecinos, cuyo tormento es que los centauros les disparen flechas al momento en que se atreven a levantarse de la sangre. En el segundo se atormentan a dos tipos de violentos: el violento contra sí mismo, y éstos se transforman en troncos encorvados de cuyas hojas se alimentan las Arpías; y los violentos contra sus propios intereses, y para estos el castigo es que perros negros famélicos los despedacen. En el tercer anillo, sobre la arena candente por las flamas que llueven continuamente ahí, se afligen los violentos contra Dios, contra la naturaleza y contra el arte. Circundando estos tres anillos en la décima parte, siempre a mano derecha, al estar en la llanura arenosa, encuentran un arroyo angosto de sangre, el cual se origina de la estatua que el poeta ubica en el Monte Ida, en Creta, la cual lanza sus cascadas al abismo formando Aqueronte, Estigia, Flegetón y Coccis, principales ríos del Infierno. Y Dante, que camina junto a este arroyo hacia la mitad, llega a la orilla del desfiladero de Gerión, donde, habiéndose lanzado junto con Virgilio sobre los hombros de la bestia, desciende a través del aire oscuro al séptimo nivel, que está dividido en diez bolgias, y donde se castiga, bajo el dominio de Gerión, a diez tipos de fraudulentos, de los cuales nos tomaría mucho relatar todos sus dolores. Este nivel dista del de arriba por 730 15/22 millas, y ésta es la profundidad del desfiladero. Cada uno de los bolgias es de 1 ¾ milla de ancho, excepto el último, que es de ½ milla, que de ahí al foso de los gigantes, situado a la mitad, hay un espacio de ¼ milla; de tal forma que todo el ancho del Malebolgia es de 16 ½. Y todos los bolgias se cruzan por un malecón o puente angosto, excepto por el sexto, en el cual se ha caído el puente por cierto accidente.

  Habiendo cruzado los bolgias y al haber llegado al foso, Dante descendió, junto con Virgilio y con la ayuda del gigante Anteo, al hielo llamado Caina, que es la primera gran esfera que circunda a las otras, en las que, bajo el dominio de Lucifer, se castiga a los traidores. Y en el primero, a los traidores contra sus vecinos; en el segundo, llamado Antenor, a los traidores contra su tierra natal; en el tercero, llamado Ptolomea, a los traidores contra sus benefactores; en el cuarto, llamado Giudecca, a los traidores contra su señor. La distancia de las regiones heladas del Malebolgia, es decir, la profundidad del foso de los gigantes es de 81 ½ millas. A mitad del hielo se sitúa Lucifer. Al haber llegado ahí, Virgilio y Dante descendieron por su vellón hasta su ombligo, donde se ubica el centro del mundo, y luego ascendieron por sus piernas velludas; finalmente pasaron por sus pies al otro hemisferio, donde, por un sendero sinuoso, salieron y emergieron para ver las estrellas una vez más. Nos restaría ahora ver las opiniones de Vellutello, y luego los argumentos que uno podría citar para una u otra opinión; pero debido a que este discurso ya se ha prolongado más de lo que yo mismo hubiera pensado, y para ya no aburrir más a tantos nobles oyentes, tendremos que aplazar nuestro argumento a un momento más oportuno.

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